El PSOE, del «no es no» al «sí es no»


Metido hasta el cuello en las contradicciones nacidas de su devastador complejo de inferioridad frente a Podemos, el PSOE parece decidido a tapar un grave error con otro de similar envergadura. Y así, tras haber mantenido durante nueve largos meses un suicida «no es no», que despreciaba el hecho obvio de que el PP había ganado al PSOE por goleada dos veces sucesivas, su gestora lucha ahora por sacar adelante un «sí es no» (eso significa al fin y al cabo la mal llamada «abstención técnica») que, además de meter a España en un bucle de ingobernabilidad insoportable, impedirá al PSOE salir de la endemoniada situación en que se encuentra. Y es que los socialistas, atrapados en un discurso que pretendiendo hacer frente a Podemos no hace otra cosa que reforzar a los de Iglesias, demuestran con la defensa vergonzante del sobrevenido «sí es no» su incapacidad para diagnosticar el origen de su actual atolladero. ¿Cuál? No haber entendido, desde el día siguiente a las elecciones de diciembre, que impedir gobernar al ganador solo podía tener dos consecuencias: o impulsar un gobierno demencial con Podemos apoyado por los secesionistas (bueno para la enloquecida pretensión de Pedro Sánchez de ser expresidente del Gobierno durante el resto de su vida, pero principio del fin del Partido Socialista) u obligar a los españoles a ir a las urnas nuevamente.

Tras las elecciones de junio, el «no es no» solo conducía ya a la segunda alternativa. Por eso, para evitar unas elecciones que podrían dejarlo mucho peor de lo que está, era indispensable que el PSOE hubiera cambiado radicalmente de discurso, aceptando una regla democrática tan esencial como evidente: que cuando uno no puede gobernar tiene que facilitar que otros lo hagan. En lugar de eso, es decir, en lugar de defender con valentía que la situación parlamentaria no deja más salida que un gobierno del PP con el apoyo de Ciudadanos y la oposición negociadora y responsable del PSOE, este cree haber encontrado la solución en un «sí es no» que será, sin duda investidura para hoy e ingobernabilidad para mañana. Una vez investido, si finalmente lo es, Rajoy dispondrá de la facultad de disolución anticipada de las Cortes, lo que le permitirá, si es el caso, como parece muy probable, convocar elecciones acusando al PSOE de bloquear la gobernabilidad, lo que sin duda sería muy malo para España y quizá la puntilla definitiva para un Partido Socialista que retrocede más y más a base de huir hacia delante. Sé que algunos lectores pensarán que mi reflexión no tiene otro objeto que atacar a los socialistas. Nada más falso. Permítanme recordarles a todos ellos que quizá pensaban lo mismo cuando en esta columna se decía de Sánchez lo que ahora comparten la inmensa mayoría de los nuevos dirigentes del PSOE. Solo que con dos terribles años de retraso.

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