Lo que aterroriza a Rajoy

Fernando Ónega
Fernando Ónega DESDE LA CORTE

OPINIÓN

05 oct 2016 . Actualizado a las 05:00 h.

El Partido Popular ganó las elecciones de diciembre del 2015. Intentó gobernar como pudo hasta hoy mismo y lo seguirá intentando hasta que haya abstención socialista o vuelva a ganar las elecciones del 18 de diciembre. Pero está comprobando que no puede hacerlo. Aunque quiera y por mucha voluntad que ponga, solo puede hacer lo que no dependa de la aprobación del Congreso de los Diputados. La historia de estos diez meses es la historia de un Gobierno en funciones que va de derrota en derrota parlamentaria, lo que, si la oposición funcionase a mala fe, podría desembocar en la anulación de todas las leyes que el PP promovió desde su anterior mayoría absoluta.

Fíjense en los datos. En la minilegislatura que duró desde enero de este año hasta la disolución de las Cortes para dar paso a las elecciones de junio, hubo 26 votaciones en el Congreso. El PP ganó 2 y perdió las 24 restantes. Ayer se votaron dos importantes reformas: la de la prisión permanente (equivalente a la cadena perpetua) revisable y la suspensión del calendario de aplicación de la LOMCE. Cuando se escribe esta crónica, se anuncia el voto negativo del PSOE, unido a la abstención de Ciudadanos en la Ley de Educación. Por lo tanto, el PP volverá a perder, y en materias de su máximo interés.

Todo esto es simbólico, porque el PP tiene la mayoría absoluta en el Senado y capacidad de veto de lo que apruebe una oposición en rebeldía. Pero demuestra la incapacidad absoluta para gobernar. Eso sí que es bloqueo y no tener un gabinete en funciones. No hace falta ser adivino para suponer las reflexiones del presidente Rajoy: ¿se va a atar a la rueda de molino de un simple pacto de investidura? Ni de broma. El PSOE puede abstenerse y dejar que siga en La Moncloa, pero eso sería meterse en una jaula de tigres sin fusta y con las manos atadas. Y ayer el presidente Rajoy le ha visto las orejas al tigre. Aunque sea presidente efectivo este mes de octubre, no tendría asegurada ni la aprobación de los Presupuestos. Insisto: imposible gobernar.

Consecuencia: la abstención del PSOE en la investidura, tan deseada hace un mes, es insuficiente. Si Pedro Sánchez y quienes le corean en el «no es no» hubieran sido más astutos, hoy tendrían un inmenso poder: el de condicionar, determinar e imponer las acciones de Rajoy. El señor Rajoy, a su vez, estaría obligado a pactar todas sus iniciativas, con lo cual ganaríamos en calidad democrática. Pero ahora las orejas del tigre han enviado un mensaje a La Moncloa: hay que tener como sea una mayoría estable. ¿La va a dar el PSOE? Es la nueva duda. Y si hay esa duda, hay elecciones. O dificilísimo pacto para un Gobierno estable, o elecciones. No hay otra opción.