Al igual que el general norteamericano Douglas MacArthur anunció que volvería cuando perdió las Islas Filipinas, el socialista Pedro Sánchez también comentó su presentación a las próximas primarias del PSOE. Es decir, que también anticipó su particular «volveré». La diferencia entre el militar estadounidense y el ya exsecretario general del partido del puño y la rosa, entre otras muchas, es que el uniformado cumplió su palabra y reconquistó las islas antaño españolas, y lo de Sánchez está por ver. Imagino que tras el bochornoso espectáculo que tanto críticos como afines a Sánchez dieron el sábado en Ferraz, la gestora salida de tamaño circo se lo pondrá difícil al exbaloncestista. Obviamente la única opinión válida respecto a que Sánchez vuelva o no a liderar un PSOE tan tocado del ala la tiene la militancia, aunque a mi entender no sería en modo alguno beneficioso que eso ocurriera. La votación a mano alzada dejó entrever quién es quién, y eso jamás se perdonará, sea quien sea el nuevo líder. Si se pretende hacer tabula rasa, mejor sería que la familia socialista llegara a acuerdos para que una situación tan esperpéntica no suceda nunca más. Y si Sánchez vuelve a la palestra, ocurrirá. Lleva el «no es no» en su ADN. Lávense los trapos sucios en casa.