La insoportable levedad del líder


E ra visto que el soneto estrafalario que vivimos acabaría en estrambote. Estrambote: «Conjunto de versos bizarros, irónicos y sin orden que suelen añadirse al final de una composición». Lo vivido estos días es un fiel reflejo de la sociedad que hemos desarrollado a lo largo de lo que algunos llaman posmodernidad, otros hipermodernidad y Zygmund Beauman «sociedad líquida». La caída generalizada de valores, el derrumbe de la autoridad, la desaparición de cualquier creencia sólida dónde cobijarse, sea ideología, religión, familia o sindicato, ha traído como consecuencia lógica la extinción de los grandes hombres y mujeres.

Lo peor que puede pasar cuando un sistema humano entra en crisis es que además carezca de gente intelectualmente sólida capaz de observarlo desde fuera y poder introducir los cambios necesarios para reequilibrarlo.

Si destilamos todas las variables que están en juego en estos momentos de caos político llegaríamos a un motivo de origen: la extinción de los grandes líderes que ha provocado esta sociedad de Telecinco, párvula, ferozmente consumista, superficial, ignorante, líquida en todo lo humano, desde el saber al sexo, desde la ideología a la educación, desde el pudor al respeto.

Esta sociedad es una fábrica de mediocres que confunden el éxito con el poder, con cualquier clase de poder, sea político, mediático, económico, académico... Los partidos políticos -los viejos y los nuevos- se han convertido en trituradoras de talento donde el requisito necesario para alcanzar la gloria es trepar dentro de la organización hasta alcanzar el cargo y asegurarse la pensión.

El estrambote político de esta semana se fragua desde el momento en que los líderes de las izquierdas -no se sabe ya que es «la izquierda»- se fabrican de un día para otro en ingenuas pastorales primarias, donde diputados anodinos cuyo ridiculum vitae cabe en la palma de la mano, pasan a ser estadistas de papel cuché y tertulia televisiva.

¿Quién conocía a Zapatero, Pedro Sánchez, Pablo Iglesias y toda la patulea de nuevos altos cargos que pilotan las izquierdas, despreciando a sus orígenes, arrogantes con sus antecesores y coreando candorosas consignas populistas que, claro, solo se creen los menores de cuarenta años y no entienden la ignorante gente normal?

Ante un páramo así, no es de extrañar que sean los líderes de plastilina que aporta la derecha, con una trayectoria conocida, a veces siniestra, corrupta y ruin, quienes se lleven el gato al agua con solo prometer un poco de orden, unidad y libertad sin besos en la boca ni voladuras de la estatua de Colón -provocadora y estúpida ignorancia-.

Son los Donald Trump, Hollande, Putin, Theresa May, Renzi, Mariano Rajoy o Angela Merkel, versus Miterrand, Köll, Gorvachov, Felipe González, Margaret Thatcher, Reagan o Pertini.

La insoportable levedad de los líderes de un mundo leve.

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