Todos en funciones


El Gobierno, provisional. Y el principal partido de la oposición, en modo gestora. España vive dentro de un paréntesis. Todos en funciones. El Ejecutivo central y la cúpula de la supuesta alternativa. Todo es muy ortográfico. El PSOE, tras escribir sus páginas más bochornosas, ha marcado un punto y un aparte. Pero no solo lo es para Pedro Sánchez, víctima de su propia miopía, enredado en su sonrisa, como el gato de Cheshire. También lo será para algunos que ahora se ven ganadores. Cuando un asesinato político carece de formas y sutileza, acaban enterrados tanto el muerto como el asesino. El volantazo ha sido muy brusco y a destiempo. Los que se hacen llamar críticos podrían haber presentado una moción para desmontar a Sánchez justo después de las segundas elecciones generales. Si no querían a un líder enrocado en el «no», deberían haber actuado antes y por otros cauces. Eso sería lo coherente. Todos nos hubiéramos ahorrado el goteo de dimisiones, el contraataque sin preguntas de Sánchez y ese vergonzoso «la autoridad soy yo» lanzado por Verónica Pérez a las puertas de Ferraz. Como dijo Josep Borrell, algunos parecen haber hecho un gran descubrimiento a mediados de septiembre: el PSOE tiene 85 diputados. Ni más ni menos. Es lo que viene siendo una revelación en diferido.

Los díscolos a partir de ahora serán los oficialistas. Que no sonrían demasiado escondidos detrás de la gestora. Las sonrisas también están en funciones.

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