Los apaches de Ferraz


Les sucede mucho a los políticos. Pasan a mejor vida (en sentido figurado) y no se enteran, como el protagonista de El sexto sentido. O no se dan por enterados, ni enterrados. Sánchez se venía haciendo el vivo y coleando desde el 20 de diciembre del 2015, fecha que dejó para la historia 90 diputados. Luego, llegó otro penoso récord (85, junio de este año) y dos más: el 25 de septiembre tocó suelo en Galicia (14 diputados) y en el País Vasco (9). Todos somos nosotros y nuestras circunstancias. La circunstancia de Sánchez fue el país que dejó zapateado Zapatero. Luego, Sánchez no es que no supiera arreglar el juguete roto del PSOE. Es que lo dejó inservible. En el epílogo de este despeñarse silbando, Sánchez creyó ver apaches en su partido. John Wayne le hubiese abierto los ojos: «Si usted los ha visto, es que no eran apaches». Los apaches de Sánchez no son los críticos que salieron a cortarle la cabellera. Estos son unos aficionados. Los auténticos apaches andaban al acecho: son su incapacidad para hacer del PSOE lo que un día fue y, a golpe de ocurrencia, temeridad y frivolidad, corre el peligro de no volver a ser. Da pena ver al socialismo darse besos temblorosos con Podemos. Esos apaches no iban solo a por Sánchez, se quedan en Ferraz invisibles, dispuestos a cortar otras cabelleras. Para lo que queda del PSOE, lo único malo de la caída de Sánchez es que no lo van a poder usar de excusa en la próxima derrota. Las urnas para este socialismo están más afiladas que los cuchillos del indio Cochise. El PSOE se ha convertido en un wéstern de serie B retransmitido en bochornoso directo.

Conoce toda nuestra oferta de newsletters

Hemos creado para ti una selección de contenidos para que los recibas cómodamente en tu correo electrónico. Descubre nuestro nuevo servicio.

Votación
44 votos

Los apaches de Ferraz