El pueblo soberano está reflexionando

OPINIÓN

24 sep 2016 . Actualizado a las 10:19 h.

En la vida ordinaria todos sabemos que darle la razón a quien no la tiene es un desprecio. Por eso hemos acuñado una expresión - «a perra chica é para ti»- que, bajo una apariencia de rendición dialéctica, solo significa que «eres tonto y no lo sabes». Y viene esto a cuento porque, siendo hoy el día de reflexión, resulta interesante recordar que esta idea del insulto por antífrasis se instaló en la Ciencia Política gracias a la perspicacia de Pierre Bourdieu (1930-2002), quien se atrevió a afirmar que darle la razón al pueblo cuando no la tiene es una forma de desprecio rayana en el autoritarismo. Y para eso creó un neologismo -la demolatría, o adoración del pueblo- que critica con dureza a todos los que invocan la infalibilidad del electorado para obviar sus decisiones.

En España llevamos un año ejerciendo de demólatras, al envolver la crisis política del Estado en la absurda afirmación de que el pueblo siempre acierta, y que todas las desdichas que se derivan de sus decisiones son responsabilidad de los políticos, que o no entienden su mensaje o son incapaces de hacerlo valer por encima de ideologías e intereses. Mi opinión, ya lo saben, es muy distinta. Porque no me gusta que me digan que el pueblo no puede bloquear y desbloquear cuando le da la gana. O que, gracias a la hiperprotección de líderes desprestigiados, podemos quedar desposeídos del inmenso poder de equivocarnos.

Si no podemos optar por el error, dejamos de ser soberanos. Y, si nos dan la razón aunque hayamos metido la pata, solo puede ser para poner de manifiesto nuestra escasa racionalidad y secuestrar nuestros designios. Por eso debemos aprovechar el día de reflexión para afirmarnos en la democrática idea de que España está bloqueada porque los ciudadanos la hemos bloqueado, y que, si bien es cierto que esas dos decisiones -especialmente la segunda- pueden ser equivocadas, nuestra terquedad sigue siendo legítima, y que el próximo 18D podremos optar de nuevo por el bloqueo, si nos apetece, o generar una mayoría clara de izquierda o de derecha.

Claro que el poder de equivocarnos lleva pareja la asunción de las responsabilidades correspondientes, el pago de nuestros caprichos, y la obligación de rectificar nuestro voto en el supuesto de que estemos hartos de hacer el panoli. A los partidos les mola cantidad que nuestros pronunciamientos valgan lo mismo si votamos responsablemente o lo hacemos al tuntún, porque esa propuesta les permite manipularnos. Pero, si me hacen caso a mí, no deben dejar que les den la razón si no la tienen. Siéntanse dueños de su poder y ejérzanlo. Y, si quieren bloquear -a sabiendas- ¡sigan bloqueando! Pero no permitan que los políticos les digan otra vez que «a perra chica é para ti» y que lo van a arreglar. Porque, gracias al poder de equivocarnos -o no-, somos el pueblo soberano.