Rita sí que sabe


Quienes abogamos obsesivamente por la desaparición del Senado nos quedamos sin argumentos con relativa frecuencia. Hoy mismo, sin ir más lejos. ¿Qué iba a ser de Rita Barberá si España no dispusiese de institución tan apreciada y que destaca por sus grandes decisiones? Acaso, sin Senado ¿podría Rita seguir desarrollando su vocación de servicio público con el entusiasmo y la transparencia con que lo hizo hasta ahora?

Por eso Rita Barberá ha preferido dejar el PP y quedarse con el empleo de senadora. Hizo una buena elección porque el Senado te da aforamiento y mucho prestigio y el partido solo disgustos. Y además, entre la plaza de senadora y el grupo ese de revueltos al que pasa ahora, se va a levantar unos 7.000 euros mensuales, que es lo que se llevan a casa la mayoría de las familias españolas. Más o menos. Pero no es el dinero lo que motiva a Rita. Nunca le interesó. En Valencia, durante años, se movieron millones a su alrededor y ni se enteró. Hay más de cincuenta personas de su entorno imputadas por manejar cantidades ingentes de euros, que no se sabe ni de dónde venían ni adónde iban. Y ella ni se preocupaba.

Cuentan que en el PP están de uñas y puede ser cierto porque Rajoy dijo ayer que ya no tiene ninguna autoridad sobre Rita y Javier Maroto estuvo despiadado. «No es ejemplar mantenerse en el escaño», dijo. Ejemplar puede que no sea, pero rentable, un montón. Y aunque todos sabemos que nadie, insisto nadie, está en política por ganarse unos dineritos, como vienen de oficio y sin grandes esfuerzos, pues tampoco es como para rechazarlos.

Rita Barberá se decidió por el Senado porque sus colegas del PP entienden que con su comportamiento, cuestionado por los tribunales, no es bueno que pertenezca al partido. Otra cosa es el Senado. Ahí puede estar porque cabe de todo.

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