Elecciones gallegas: El 25S solo puede quedar uno


La campaña de las elecciones gallegas avanza a ritmo lento y sin mucho ruido. Es de perfil bajo. Como la que en junio abocó a España a seguir un bloqueo político aún no resuelto.

Reina el desencanto. Los partidos apuestan por el tacticismo, juegan a no perder. Y el ciudadano los observa, de reojo, sabiendo que le importa mucho lo que pase en la cita con las urnas, pero también pone de manifiesto que la desconfianza supera al interés.

Lo dicen los datos de audiencia de los medios digitales y la repercusión de las publicaciones en redes sociales, los únicos polos de atracción hasta ahora han sido las encuestas, que de momento no permiten vislumbrar que pasará tras el 25S, y el debate.

La refriega televisiva del lunes supo a poco. Generó cierta controversia por su formato, pactado por los partidos, y, cómo no, también por saber quién era el vencedor y se adjudicaba una victoria de dudosa repercusión electoral. Se celebró en una fecha demasiado lejana de las elecciones gallegas.

Fueron Pontón y Feijoo quienes salieron más airosos de la regueifa. Y fue Leiceaga quién reabrió el debate sobre el debate, al proponer una segunda vuelta en TVE.

Cómo han cambiado los tiempos en la política gallega. El no rotundo del PP llegó a través de Twitter. Y también la contraoferta: un cara a cara de Feijoo con un único candidato designado por los partidos que quieren ser alternativa. Por supuesto, no tendrá lugar. Y salvo sorpresa, la campaña discurrirá, a partir del lunes, en la atonía.

Por una legislación obsoleta, propia de tiempos analógicos, desde el martes ya no se pueden publicar más encuestas (aunque los partidos las hacen y las utilizan, los ciudadanos no tienen derecho a conocer esa información). No tendremos nuevas pistas sobre cuál será el veredicto de las urnas, sobre quién será el próximo presidente.

A día de hoy solo hay dos opciones viables. Un Gobierno de Feijoo con mayoría absoluta o con la muleta de Ciudadanos (si entra en el Parlamento) o una coalición liderada por el partido que sea segundo el 25S. No sabemos cómo se articularía esta fórmula. Y ni siquiera quién sería el presidente. Las encuestas dicen que En Marea aventaja en voto estimado al PSdeG en cinco puntos. Parece una ventaja sólida. Y confirmaría la tendencia al alza iniciada por AGE hace cuatro años en Galicia y refrendada por En Marea en las elecciones generales del 20D, pero que se frenó en las del 26J. Esa es una fuente de incertidumbre. Otra la supone el relativo fracaso de los sondeos que dieron por hecho el sorpasso de Unidos Podemos al PSOE en la última convocatoria electoral.

Siempre hay mucho riesgo en la atribución de escaños sobre estudios demoscópicos. Y más en esta carrera hacia las urnas en la que nadie puede culpar de nada a la fórmula D'Hondt (sus presuntos efectos desproporcionales se deben a su combinación con circunscripciones pequeñas): el reparto baila en varias provincias por unos pocos miles de votos.

Hay partido. Sabremos el resultado el domingo 25. Para amenizar la espera, tal vez convendría celebrar otro debate. Pero no de los convencionales. El Washington Post ironizaba con una propuesta salvaje: meter a Hillary y a Trump en un plató sin reglas y sin moderadores. Solo con las cámaras y los micrófonos como mediadores ante la audiencia/electorado. El que sobreviva, gana. Si imitáramos aquí la fórmula, el lema lo podríamos tomar prestado de aquella mala película ochentera llamada Los Inmortales: solo puede quedar uno. Y solo uno puede ser el presidente. ¿Quién atacaría a quién?

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