Una verdadera política forestal


No es necesario buscar muchos datos para saber que Galicia tiene un grave problema con los incendios forestales. Dos cifras pueden bastar para entenderlo. En Galicia, que tiene menos del 10 % de la superficie forestal española, se producen la mitad de todos los incendios del Estado, con municipios que registran más de 100 siniestros al año. Entre el 2001 y el 2015, ardieron un total de 374.325 hectáreas en Galicia: para hacernos una idea, es casi la mitad de la superficie de la provincia de A Coruña y cerca del 20 % del total de superficie boscosa gallega.

Las causas de que Galicia se queme año tras año son diversas, y no pueden reducirse, como se pretende a veces desde las Administraciones, a la acción de criminales. El fuego está arraigado en el medio rural como herramienta de gestión, para abrir pastos en el monte en el caso de la ganadería o para limpiar los campos en el caso de la agricultura. Además, existen fuertes conflictos sociales que hacen que el 70 % de los incendios en Galicia sean intencionados, frente al 55 % de la media nacional.

Pero no solo eso explica el devastador impacto de los incendios forestales en Galicia. El caótico contexto forestal, donde reina una ausencia generalizada de planificación y gestión, los escasos esfuerzos en prevención, el minifundismo predominante, el anárquico desarrollo urbanístico y el abandono rural, son causas de fondo de los incendios.

Para WWF, es vital que el próximo presidente de Galicia se comprometa de verdad a proteger los bosques gallegos y cambiar la cortoplacista política forestal de los distintos Gobiernos de la Xunta. Es básico darle la vuelta a las prioridades en la lucha contra el fuego, pues no tiene sentido seguir gastando más y más dinero público en medios de extinción mientras se olvida la prevención. El abandono ha dejado los montes gallegos listos para arder y, ante eso, no hay aviones que valgan.

La Xunta debe reordenar el caótico paisaje forestal de Galicia: no existe ningún tipo de visión conjunta ni a largo plazo para los montes gallegos. Para ello hace falta fomentar la agrupación de las pequeñas parcelas privadas bajo una gestión responsable, planificada en común, que haga el monte más resistente al fuego. También es prioritario acotar el uso del terreno para el cultivo intensivo de pinos y eucaliptos, sobre todo teniendo en cuenta que en muchas zonas existen antiguas plantaciones, ahora abandonadas, que se han convertido en verdaderos polvorines.

Según revelamos en nuestro estudio Bosques vulnerables a grandes incendios, el 86 % de los incendios en Galicia se inician en masas alejadas de los patrones naturales, en general plantaciones de una sola especie en las que se ha perdido la gestión. En esas zonas, la Xunta debería promover la recuperación de los bosques autóctonos: no solo son el mejor cortafuegos, también ofrecen multitud de servicios vitales a la sociedad.

Y no se podrá ganar la batalla contra el fuego en Galicia sin reducir el disparatado número de incendios: para ello es necesario promover programas de intervención social, trabajando en el medio rural para ofrecer alternativas al uso del fuego como herramienta de gestión.

Ya es hora de que quien asuma el gobierno de la Xunta tras el 25S cambie de rumbo para dejar de pensar en apagar incendios y apostar por recuperar la rentabilidad y sostenibilidad de los montes gallegos. Solo así podremos conseguir avanzar para evitar que Galicia siga siendo, año tras año, pasto de las llamas.

Por Lourdes Hernández Portavoz de la campaña de incendios forestales de WWF España

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