No coló, Soria


Si cuela, cuela. Esa era la filosofía. El Gobierno le ofrecía a José Manuel Soria un flamante puente hacia su jubilación. Lo invitaba a sentarse en el Banco Mundial. El argumento venía a ser algo así como «libertad para Soria». Libertad para que el exministro pudiera desarrollar su carrera profesional después de su tormentoso paso por el Ejecutivo central y de su escala financiera en Panamá. Libertad para que siguiera su camino (de rosas). Libertad, liberad, sin ira, libertad. Como un funcionario cualquiera. ¿A qué trabajador público no le han ofrecido un cargo similar? Libertad, pero con recomendación. Con el mecenazgo de todo un Ejecutivo en funciones. Ha tenido que desatarse un vendaval de críticas para que Rajoy haya caído en la cuenta de que su apuesta era una pura provocación incluso para miembros de su propio partido.

Ahora, descartada la maniobra, Soria se muestra como un mártir político sacrificado en el altar del qué dirán. Cree que el revuelo es «desproporcionado». Como lo era su puesto en el Banco Mundial. Como su sueldo. Un revuelo a medida de la audacia del intento. Pero habrá que seguir alerta. Este tipo de relatos son ricos en giros argumentales y, para el protagonista, incluso pueden acabar con un final feliz. Porque muchos nombres descartados para la vida pública por algún escándalo sonado reaparecen más tarde, como el Guadiana, en el BOE de turno con nuevas y bien pagadas atribuciones. Sucede con antiguos ministros, exembajadores, secretarios generales de vuelta... Ay, los servicios prestados. Qué caros salen en este país algunos jarrones chinos. Otros, a conformarse con precios de tienda de todo a cien.

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