De arcilla y de acero, de cristal quebradizo y del más duro zafiro están construidas desde el origen del tiempo las paredes de Galicia, querido presidente. Ni Hércules con sus trabajos pudo abatirlas, están sujetas con los vientos que afianzan el océano, los mismos que mecen al compás los carballos cuando el invierno se embravece, clavadas sobre la trabe de oro que vertebra todo el peso del mundo. Son nuestro hogar común, la casa de todos los gallegos que fueron construyendo piedra a piedra, suspiro a suspiro, las paredes maestras de Galicia. Amasando el adobe con ayes recubiertos de toda la nostalgia de la emigración, construidas con lejanías que aguantan todos los embates. Fueron, han sido los gallegos del poema de Hernández, los gallegos de lluvia y calma, quienes arrimaron el hombro colectivo para levantar las paredes de Galicia, como en una sentencia proclamada por el patriarca Pedrayo mientras desde Trasalba soñaba una Galicia tradicional y culta, vanguardista con Nerval quieto en la memoria, mientras reivindicaba a Chateaubriand y traducía como de soslayo a Joyce treinta años antes de editarse el Ulises en castellano.
Son sólidas las paredes de Galicia, querido presidente, y feliz es la frase, y seguro que el mensaje que encierra, y que mantiene que existió un esfuerzo en la gestión para evitar la quiebra de esta vieja comunidad que usted preside, encierra una alta dosis de sinceridad política poco frecuente en estos momentos de turbulencias amenazantes, pero yo estoy convencido de que las paredes que se apoyan en las espaldas y en los brazos de millones de gallegos que son/somos y han sido, resisten las más vivas de las mareas e incluso las más bravías galernas.
Le agradezco, bienquerido presidente, el esfuerzo por apuntalar las paredes de Galicia, por restablecer el paisaje, por ejercer una autoestima que pluralice nuestra atávica melancolía, de la que hacemos gala cada vez que se modera el viento y se amansa la brisa.
En ocasiones he sostenido, presidente Feijoo, que es usted un socialdemócrata que no sabe que milita en esa corriente de pensamiento, un socialdemócrata de derechas que bien sabe que es menester mantener una educación de calidad, una sanidad de referencia, unas dignas pensiones y el irrenunciable ecosistema del Estado de bienestar. Es complicado y difícil, pero posible y probable. Y ahí estamos, invitando al país de los gallegos a renovar la confianza en usted, querido candidato, que es asimismo alcanzable.
Me sorprendieron sus declaraciones por infrecuentes, pero estoy seguro de que las paredes de Galicia no se caerán nunca. Reposan sobre los hombros de todos los gallegos, que no vamos a consentir grieta alguna, e impediremos la quiebra del edificio que se fue construyendo a lo largo de los siglos, y emulando a Williams en este largo y cálido verano, estoy en disposición de garantizar que la casa gallega no sufre aluminosis ni mal de piedra, es dura como el granito y suave como la primera frase del Platero juanramoniano. No lo olvide, presidente.