Sánchez la echa fuera y pide el ojo de halcón


El ojo de halcón es un sistema informático que comprueba la trayectoria de la pelota en algunos deportes, como el tenis. Lo pueden pedir los jugadores cuando están convencidos de que el juez de silla se ha equivocado al cantar un punto. No es inusual que el deportista lleve razón. Lo hemos visto, por ejemplo, en los partidos que disputó Rafael Nadal en los Juegos de Río: casi siempre tenía motivos fundados para pedir el ojo de halcón, casi siempre la cámara acababa corrigiendo la decisión injusta del árbitro. Pero el ojo de halcón no es un recurso ilimitado. Se puede utilizar un máximo de cuatro veces por set, y además, si se pide alegremente, provoca animadversión de la grada contra el jugador, traducido normalmente en forma de silbidos y abucheos. Un buen jugador nunca pediría el ojo de halcón a sabiendas de que su golpe ha sido malo. Pedro Sánchez, que juega en el PSOE, no es el mejor ejemplo de buen jugador. A quien está haciendo bueno es a Rajoy, que tampoco es que sea el Roger Federer de la política. La actitud de Sánchez no gusta ni entre algunos de los suyos. Lo ha dicho Felipe González, que algo socialista es, y otros le han aplaudido: dejen gobernar al PP, que ha ganado las elecciones, hagan lo que tienen que hacer, que es oposición (buena oposición) y ya les llegará su turno. Estas recomendaciones a Pedro Sánchez, estos silbidos y estos abucheos, no han modificado su modus operandi. Él sigue, pues, practicando el mismo juego: lanza la pelota 20 metros fuera de la pista y pide el ojo de halcón, a ver si falla la informática, a ver si pone de los nervios al rival. Podríamos pensar que el candidato socialista de diciembre (90 escaños de 350) y de junio (85 de 350) está convencido de que su golpe ha sido bueno. Pero cualquiera que asista al partido confirmará lo evidente: es imposible que no haya visto que el golpe fue malo, que el punto, el set y el partido están perdidos. Hasta un ciego percibiría que la bola de Sánchez ha salido fuera. Lo que sucede es que, no ganando él, no quiere que gane nadie. Lástima que no siga el ejemplo de algunos deportistas, como Rafael Nadal, como Teresa Portela: en la vida es tan importante saber ganar como saber perder. Nadal y Portela son un ejemplo de ambas cosas. Es posible que nunca sepamos si Pedro Sánchez sabe ganar (esto, se lo está ganando a pulso) pero es evidente que perder no sabe. Lanza la pelota fuera y se va corriendo a ver si se la dan por válida. El problema es que en este partido, que tiene perdido lo mire por donde lo mire, no está en juego una medalla. Está en juego el futuro de casi 50 millones de personas, el de un país, y el del PSOE. Normal que en Podemos se anden relamiendo. Ahora, hasta sonríen. Pedro Sánchez quería que Rajoy convenciese a la otra derecha. Ahí lo tiene. Quería fecha de investidura. También la tiene. Lástima que la política no sea deporte olímpico. A Sánchez, de tanto lanzarla fuera, de tanto ejercer de perfecto irresponsable, se le habría agotado lo de pedir el ojo de halcón hace mucho tiempo.

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