«Todo el mundo se busca la vida», ha dicho Joan Tardá, y el PSOE puede quedar emparedado. Y no solo por Pedro Sánchez y su ejecutiva. A ello han colaborado los barones que en sus comités federales le han ahormado la capacidad de hacer política si tal tuviere. A día de hoy, 24 horas después de la votación para la Mesa del Congreso, las líneas rojas que Susana Díaz y los otros impusieron en la negociación con los nacionalistas con el no a un hipotético referendo en Cataluña, convertido en alfa y omega de los discursos políticos articulados sobre la unidad de España, parecieran vacíos. Pues nadie dudará, Susana Díaz tampoco, que en las negociaciones de Rajoy no se negoció la unidad de España. Esas líneas rojas, ese discurso de «es inaceptable hablar con los nacionalistas», era también propio de la opinión publicada de a quien este primer acuerdo parlamentario, aún vergonzante, entre populares, ciudadanos y nacionalistas no le resultará sencillo aceptar.
Como señalaba hace unos días en este Codex Floriae: «Rajoy depende de su capacidad, y no duden que hará lo imposible aun retorciendo y revirando su anterior acción de gobierno, para negociar con Ciudadanos y Coalición Canaria, quizá el PNV y, si me apuran, con los independentistas de CDC un Gobierno». Y desde mi perspectiva, la constitución de la Mesa del Congreso indica que ha realizado la primera etapa con éxito.
Porque para el poder los principios son flexibles, como nos enseñó Groucho, que no Montesquieu. Cuanto más si se refieren a cuestiones territoriales, de estructura del Estado o esencias patrias. Si bien para muchos tales principios se tornan en fundamentales, o no, como las banderas y los himnos.
En la otra banda, la que ve el mundo en el eje de ordenadas -los de arriba y los de abajo-, la sorpresa ha sido mayúscula. No en vano porfiaron que «otro Gobierno» era posible: sumaba. Pablo Iglesias y los suyos construyeron un discurso en el que «todo o que entra na rede é peixe». Luego de esta primera sesión del Congreso se comprende su asombro al comprobar que parte de sus sumandos -los nacionalistas convergentes, peneuvistas o de Esquerra- para un Gobierno de cambio o de progreso prefirieron las ofertas de Rajoy. Y así quedó Unidos Podemos, impactado. Por su pésima capacidad de análisis político, que le impidió preguntarse por qué también a Rajoy le interesaban nuevas elecciones.
Demostrado que la política en España se mueve en el eje de abscisas, y por tanto que el centroderecha en las Cortes del 26 de junio es mayoritario, bien les vendría a los socialistas articular un discurso y un programa político que, aceptando lo obvio, mayoría articulada de centroderecha, sin mayoría absoluta y donde cabe la geometría variable (por favor, sin chalaneo), empujara para resolver algunos de los más graves problemas que los ciudadanos del común tenemos. Fíense de Borrell o de Jáuregui, por ejemplo, y hagan política. Sin continuar con el quítate tú que me pongo yo, y no decir para qué.