En Marea y la ley de la gravedad


El infierno son los otros, decía Sartre. En Marea, que es muy sartriana, nos lo recuerda a menudo. Por tal motivo su análisis electoral, donde han perdido en seis meses una quinta parte de su aval en votos, incide en hacer cargar con la culpa al votante. Ellos nunca se equivocan, se equivoca el que vota libremente. El ciudadano de Santiago, harto de las fochancas o de la humilde soberbia (disculpen el oxímoron) de su alcalde, es el errado. El de A Coruña, cansado de contemplar cómo desde María Pita quieren redimir a la abstrusa ciudadanía. O el de Ferrol, espectador de los dardos que se arrojan con saña socialistas y comunistas. Todo un panorama dramático que, en conclusión, ha puesto a cada uno en su lugar. En Marea tocó su techo y ahora le corresponde conocer su suelo. En ello se afanan estos días. Intentando ponerse de acuerdo en la elección de su candidato a las autonómicas. Pero aún no saben cómo lo harán. A su manera, asambleariamente, o por designación digital. Convocando a los «adscritos» y pidiéndoles que den un nombre o consensuando sin consenso un candidato que puede venir de fuera (como dice Yolanda Díaz) o de dentro (como dicen los beiristas). Quién puede entenderlos. O aún peor, qué ganamos con entenderlos o no si ni ellos mismos pueden entenderse. ¿En verdad alguien con sentido común quiere poner en manos de estos divertidos jugadores -que juegan a la política- el futuro de Galicia? No logro comprenderlo.

Los simpatizantes de En Marea, sus votantes, deben saber que la ley de la gravedad no se equivoca. Cuando un objeto cae, cae. Newton, observando la manzana, se preguntó: ¿por qué esta manzana siempre desciende perpendicularmente hasta el suelo? (La vida de Sir Isaac Newton, de William Stukeley). Y concluyó que no había remedio a esa caída. En Marea debe saber que de nada sirve echar las culpas a Newton o al destino: está en las nubes, decía el ilustrado Rodríguez Zapatero. Las cosas son como son, tan inmutables y a la vez tan cambiantes como el río que nos definían los clásicos. El río de Heráclito. Pero también la paradoja de Teseo, que se pregunta si a un objeto al que se le reemplazan todas sus partes sigue siendo el mismo objeto. Cuando miles de votantes cambian el sentido de su voto, deben cambiar también los posicionamientos o actuaciones de quien sufre la caída de votos. Pero es más fácil señalar que el votante tiene la culpa. El infierno son los otros. Quizá por ello Carmen Santos ha destituido hace tan solo unos días a «los otros» de su propio partido (Podemos Galicia, que a su vez forma parte de En Marea).

En Marea se cree en posesión de la verdad absoluta. En Marea no puede caer en error alguno. Partido infalible. Por ese motivo, una parte de la ciudadanía comienza a darles la espalda. Se han desbordado en sus ensoñaciones y ahora solo les queda observar la realidad. Newton hizo lo mismo. Pero él no arrojó culpa alguna sobre la manzana: caía por su propio peso. En Marea cae y caerá por lo mismo.

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