Contigo pase lo que pase

Fernanda Tabarés
Fernanda Tabarés OTRAS LETRAS

OPINIÓN

10 jul 2016 . Actualizado a las 05:00 h.

Desconozco cómo duerme un líder mundial cuando la historia lo zarandea. No sé cómo lo habrá hecho estos días Tony Blair, si habrá soportado el recuerdo de millones de ojos observándolo con desprecio por haber apoyado aquella memez de las armas de destrucción masiva que abrió la era terrible que hoy vive el Oriente próximo. Como miembro de la misma especie que él, resulta un misterio entender cómo alguien procesa la culpa de haber enviado a millones de personas a la tumba por aliarse con aquel forajido político llamado George Bush. Conviene no olvidar que buena parte de la opinión pública ya no compró en el año 2003 la descomunal charada del Gobierno estadounidense ni las explicaciones grotescas de Collin Powell ante la ONU, con aquellas filminas de supuestas plantas químicas cuya tecnología apenas llegaba en realidad para fabricar un Quimicefa. En el testamento político de Blair, hoy devastado, brilla la promesa que le hizo a Bush en julio del 2002: «Estaré contigo pase lo que pase». El juramento convierte al inglés en una actriz de telenovela con la voluntad doblegada y demuestra que la alta política es más una cuestión de gónadas que de justicia.

La cuota ibérica la aportó José María Aznar. Su cesarismo de Valladolid lo eyectó a las Azores para posar en una foto vergonzosa que envió a millones de personas a las calles para gritar por primera vez el no nos representan. Si Bush era el galanzote y Blair la cándida moza, Aznar interpretaba a un panoli que hace bulto al que se le pide que vaya a por hielo cuando la cosa se pone interesante. La ridícula melodía de su «estamos trabajando en ello, hemos dedicado tiempo ayer y hoy por la mañana a trabajar en ello exactamente» debe acompañar el desprecio con el que hay que recordar una actuación ignominiosa. Si a ellos no les quita el sueño a nosotros debería.