Sin Mercedes no será igual

Sandra Faginas Souto
Sandra Faginas MIRA Y VERÁS

OPINIÓN

Un polígrafo nos vendría muy bien a los espectadores para saber qué hay de verdad en esta historia de abandono de Mercedes Milá. Porque por muy buen rollo que hayan mostrado en directo, con Deluxe de por medio, para venerarse como almas gemelas que son, Mercedes y Jorge Javier saben a estas alturas de qué va este cuento. Y cuánto vale el pastel que Milá se dejará de comer. Después de dieciséis ediciones, la presentadora ha sido la única capaz de torear un reality complejo con una intensidad que pocos pueden soportar en pantalla. Porque Milá acabó por convertirse en un personaje más de un show engrasado por y para su liderazgo, en el que ella ponía esa pasión que a muchas personas todavía les repele, pero que inevitablemente acaba por enganchar, aunque solo sea para ponerla a caldo. Ella sola girando sobre sí misma ha exprimido un entusiasmo contagioso para un programa al que los expertos en televisión le daban muy poco futuro cuando comenzó y que ha terminado por ser una de las señas de identidad de Telecinco. La experiencia ha confirmado, que sin Milá -acuérdense de Pepe Navarro- el show no fue lo mismo, sino mucho peor.

Es verdad que Jorge Javier tiene tablas, dominio y carácter como para ser un digno sucesor de Mercedes Milá. Sin embargo, la sobreexposición es tan arriesgada como lo es el empacho de la comida preferida. Y los espectadores vamos camino de aborrecer tanto Jorgejavierismo. Se equivocó cuando en esa su multiplicación escogió presentar Cámbiame, Supervivientes, Sálvame, Tengo una carta para ti... al mismo tiempo, y todo apunta a que en esta ocasión repetirá la fórmula. Ni los más favorables a su buen hacer aguantan una parrilla en la que a cualquier hora del día Jorge Javier sea la única referencia por muy divertido e intenso que sea el programa. Sin Mercedes Milá, Gran Hermano no será lo mismo, pero con Jorge Javier, me temo, será más de lo mismo.