Dos conclusiones nos deja el debate televisivo del lunes. Los españoles quedamos como estábamos, desconcertados, apesadumbrados y sin grandes esperanzas; y el PP será el más votado en los comicios del día 26. Todo lo demás quedó en el aire, de forma especial quién facilitará la formación del Gobierno, si es que la hay, y sobre todo, si Rajoy se mantendrá al frente.
Hace ya cuatro meses que el Financial Times auguró un «oscuro futuro» al presidente español, oscuridad que ha ido acrecentando a medida que sus posibles aliados fueron retirándole el apoyo. En el debate a cuatro quedó claro que va a ser difícil que Rajoy logre apoyos, aunque los obtenga su partido. A día de hoy está más fuera que dentro.
Pero aún más. Cuando Vicente Vallés planteó abiertamente si pactos o nuevas elecciones, ninguno de los cuatro líderes se comprometió explícitamente. Iglesias pasó de refilón: «Entre un Gobierno en el que siga el PP, o un Gobierno progresista, queremos la segunda opción». Como Sánchez, que aseguró que «tienen razón quienes dicen que el PSOE será fundamental para la gobernabilidad» y Rajoy, que esquivó lo de que no habrá nuevas elecciones: «Si los que estamos aquí nos comprometemos a que el partido que tenga más votos gobierne». Rivera, sin ser mucho más nítido, dijo: «Nos comprometemos a que, si de Ciudadanos depende, España tendrá Gobierno». Muchos compromisos.
Así que estamos como estábamos; entre la ambigüedad y la indeterminación. No digo que no, pero tampoco digo que sí, que es lo habitual. Son alérgicos a ser sinceros. Me comprometo a intentarlo, dijeron, que es lo mismo que si yo digo que me comprometo a intentar ser campeón del mundo de maratón. Me comprometo a intentarlo. Aunque tengo las mismas opciones de lograrlo que estos cuatro de ponerse de acuerdo para facilitarnos la vida.