Alcoa, centrada en los Pirineos


Presidente de la Escuela de Finanzas

Hace catorce años, la Unión Europea tomó dos decisiones: la primera, apostar por un mercado único de la electricidad; la segunda, e hija de la anterior, exigir un mínimo de interconexión eléctrica entre países. ¿La meta? Que el diez por ciento de la potencia instalada nacional fuese adquirida a otros países de la Unión. En principio, a nosotros esto nos sonó a chino. España solo tenía capacidad para adquirir a Francia el 1,4 %, por tanto, dijese lo que dijese la UE, mientras no construyésemos nuevas infraestructuras eléctricas en los Pirineos, seguiríamos siendo un coto aislado en manos de nuestro oligopolio eléctrico.

¿Cómo sobrevivir a ese marco de autarquismo energético? De diferentes maneras, pero una de ellas se terció muy sencilla: pagar a los grandes consumidores para tener el derecho a que, en los momentos de máxima demanda eléctrica, dejen de consumir, es decir, apagar sus máquinas. ¿Y las llegaban a desconectar? Raramente. ¿Entonces? Estuvimos creando realmente un sistema de descuentos, estaban recibiendo de facto una rebaja sobre la tarifa. Por ello, Alcoa se enfurecía cuando no era bien tratada en las subastas de interrumpibilidad y gritaba a los cuatro vientos que la electricidad en España era muy cara. Estaba perdiendo su subvención anual. Y a lo mejor no está mal que subsidiemos a las grandes consumidoras, pero al menos seamos conscientes de ello.

Dicho esto, ¿qué está cambiando para que Alcoa se venda? Sobre las decisiones de estrategia empresarial poco puedo decir, su mutismo es exacerbado. Pero estoy seguro de que el acuerdo entre Red Eléctrica de España y Réseau de Transport d'Électricité para ejecutar nuevas líneas eléctricas que unan España y Francia por el este de los Pirineos tiene algo que ver. ¿Por qué? Marca el principio del fin de nuestro aislamiento. Actualmente, y después de haber gastado setecientos millones de euros, gracias a esa alianza ya hemos duplicado nuestra interconexión, pasando de 1.400 a 2.800 megavatios. Y los 10.000 megavatios, el diez por ciento de nuestra capacidad, están ahí, ya fijados en la hoja de ruta de la Unión ¿Qué pasará cuando toda esta electricidad cruce los Pirineos? Se acabarán las subastas de interrumpibilidad. Se terminará esta extraña política de subsidios. El coste de la electricidad será más relevante que nunca, totalmente crucial en las industrias más obsoletas como Alcoa A Coruña y Avilés. Llegado ese momento, o la energía española tiene unos precios competitivos o muchos sufrirán y, si no queremos apostar todo al último minuto, ¿qué podemos hacer? ¿Vender? Pues eso.

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