Sí, hablemos de Venezuela

Enrique Clemente Navarro
Enrique Clemente LA MIRADA

OPINIÓN

Es indudable que Albert Rivera, con su viaje sobreactuado a Caracas, y Mariano Rajoy, con la surrealista inclusión de Venezuela en la agenda del Consejo de Seguridad Nacional, están utilizando política y electoralmente la gravísima crisis que sufre ese país. Es comprensible que lo hagan para desacreditar a Podemos. También lo es que a Pablo Iglesias le moleste ahora que se hable de Venezuela. Pero el argumento de que es una manera de no afrontar los problemas de España es muy endeble. Se puede hablar de ambas cosas a la vez. No son incompatibles. Ese reproche recuerda a cuando el PP se oponía al matrimonio de personas del mismo sexo o a la ley de la memoria histórica diciendo que no había demanda social y no eran asuntos urgentes. Es pertinente hablar de Venezuela porque hace muy poco tiempo Iglesias, Errejón o Monedero ponían a su héroe Hugo Chávez como ejemplo a seguir no solo para América Latina, sino también por el sur de Europa. Es decir, para nuestro país. España tiene aún un 21% de paro, una desigualdad creciente y uno de cada cinco ciudadanos están en riesgo de exclusión social. Hasta hace muy poco los actuales líderes de Podemos pensaban -quizá lo crean todavía hoy en su fuero interno- que la solución a esas lacras intolerables era el modelo bolivariano. A Iglesias no se le ha oído nunca renegar de quien consideraba un ídolo político. Ni siquiera de su caricatura tosca y ridícula que es Nicolás Maduro. Ahora se reclama socialdemócrata, lo que supone una transición desde el chavismo entusiasta difícil de creer. Sí, hablemos de Venezuela y también, cómo no, y mucho más, de la sangrante situación que padecen muchos españoles. En democracia se puede y se debe hablar y debatir de todo.