Editor valiente, periódico valiente


Hace ya unos cuantos veranos, Lendoiro, enojado cuando desde La Voz de Galicia se informó de la enorme deuda del Deportivo y de las dudas que planteaban sus cuentas, decidió cruzar todas las líneas rojas de la libertad y de la decencia. No solo vetó a los periodistas de este diario, sino que comenzó una campaña de amenazas e insultos. Fue entonces cuando algunos aprendimos la diferencia entre tener un empresario, dueño, jefe, persona al frente, como se guste llamar; o un Editor.

Santiago Rey Fernández-Latorre pudo ponerse de perfil y hacer caso a aquellas voces (que seguro que las hubo) que le sugirieron que no se metiera en el fango del fútbol. Sin embargo, decidió asumir el liderazgo de la situación y arropar a todos los periodistas a los que les tocó trabajar en semejante batalla. Siempre bajo la premisa de la veracidad y de la calidad, capitaneó un periodismo implacable con la mendacidad en el fútbol que fue pionero en España. Ello le supuso sufrir en primera persona graves injurias y calumnias y también incomprensiones por parte de un sector de aficionados bienintencionados a los que se les hacía creer que contar la realidad de su club era lo mismo que atentar contra el.

El tiempo ha puesto a cada uno en su sitio. Lo que contó La Voz hace años lo acabaron contando otros hace días, cuando el camino estaba desbrozado y no había riesgo de perder una sola pluma. Esa es la gran diferencia de La Voz de Galicia, la única cabecera que puede presumir de tener un Editor de verdad, alguien capaz de marcar el rumbo y aguantarlo a pesar de terribles presiones; alguien que exige el máximo de sus periodistas porque tiene el deber de ofrecer el máximo a sus lectores, pero que a la vez es un refugio al que siempre podemos acudir.

Nadie conocía mejor a Santiago Rey en La Voz que Vicente Leirachá. Vituco, en paz descanse, leería emocionado Yo protesto. Adoraba y admiraba al «número 1». «Ve crecer la hierba», decía. Y añadía: «Tiene una personalidad muy fuerte. No tolera la traición. No hay nadie capaz de doblarle. Pero es leal, noble y tiene un corazón enorme». Todas estas características se intuyen en la recopilación de sus artículos y discursos. Y solo así se puede ser Editor: viéndolas venir, soportando todas las presiones del poder y de los poderosos y compartiendo tristezas y alegrías con los periodistas. Y siendo valiente. Porque en este oficio, si el capitán sucumbe al miedo, la tropa no saldrá de la trinchera. Y esto no pasa en La Voz.

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