Un editor frente al poder

Gonzalo Bareño Canosa
Gonzalo Bareño A CONTRACORRIENTE

OPINIÓN

Con ocasión de la publicación del libro Yo protesto, firmado por Santiago Rey Fernández-Latorre, se han escrito artículos que han glosado, con mucho mayor conocimiento y mejor pluma que la mía, su figura y su labor como editor. Yo me limitaré, por tanto, a relatar mi experiencia como periodista en el diario que él, para pasmo de muchos, ha convertido en la cuarta cabecera más leída de España y en una referencia de rigor e independencia. Quizá así algunos comprendan mejor cómo ha conseguido un logro tan extraordinario. En 1994, viviendo yo en Madrid, La Voz de Galicia me ofreció incorporarme a su redacción. Recuerdo mi sorpresa por el hecho de que, sin conocer yo de nada a Santiago Rey ni a ningún responsable del diario, se me brindara un puesto al que aspirarían periodistas mucho mejor relacionados con el editor. Fue esa la primera lección que aprendí sobre el compromiso inquebrantable con la independencia que guía cada decisión tomada en esta casa.

En estos 22 años, en los que he escrito en La Voz más de 6.000 noticias y centenares de columnas de opinión, jamás recibí orden o indicación alguna del editor para que diera un sesgo determinado a mis artículos. Me consta que muchos han provocado llamadas de protesta de políticos de todo signo. Y también que Santiago Rey no ha cedido jamás a esas presiones, vengan de donde vengan. De hecho, es habitual que, después de cada campaña electoral, el editor agradezca a la redacción el esfuerzo realizado y destaque que todos los partidos se han quejado por el trato recibido. «Eso es señal de que lo hemos hecho bien», suele añadir.

He tenido también la oportunidad de ver en estos años a Santiago Rey Fernández-Latorre interviniendo en esos desayunos tan políticamente correctos que se celebran en Madrid. Y de contemplar allí cómo los mismos políticos acostumbrados a las lisonjas de una prensa sometida al poder, tragaban saliva ante la contundencia y el lenguaje llano y directo con el que les cantaba a todos las cuarenta por situar siempre sus intereses personales por encima de los del país.

Adentrarse en las páginas de Yo protesto es comprobar cómo ese compromiso con los ciudadanos, con Galicia y con España, y esa independencia frente al poder, han sido una constante para Santiago Rey. Desde el primer artículo recogido en el libro, El compromiso de un título, escrito en el 2004, en el que se acusaba ya a Gobiernos de distinto signo político de incumplir sus compromisos con Galicia, al último, A la deriva, firmado hace solo tres meses, en el que se responsabiliza a los partidos, a todos, de haber llevado a España a «un callejón sin salida» y a «la mayor inestabilidad política que hayamos vivido en cuarenta años». En una época en la que, temerosos de perder su negocio arrastrados por la crisis, los medios se muestran genuflexos ante el poder, el hecho de que exista un editor capaz de expresarse con semejante libertad constituye un rayo de esperanza para quienes creemos que la prensa, o es independiente, o no es.