Podemos, el fin del cuento transversal

Enrique Clemente Navarro
Enrique Clemente LA MIRADA

OPINIÓN

Atrás quedan aquellas declaraciones de Pablo Iglesias diciendo que el debate izquierda-derecha era un juego de trileros, la impostada e inverosímil conversión desde el chavismo confeso a la socialdemocracia nórdica y las demoledoras descalificaciones de los que llamó cenizos perdedores de IU, incapaces de hacer nada en 25 años, que no quería que ni se le acercaran. En su enésima rectificación, siempre por motivos tácticos, busca ahora desesperadamente la alianza con la formación que lidera Alberto Garzón y domina el PCE, en aras del ansiado sorpasso, que ya persiguió con ahínco su gran maestro Julio Anguita y que, en contra de lo que sostiene, es su gran y legítimo objetivo en estas elecciones. La supuesta nueva política va a ir a las urnas junto al partido que representa la más vieja de las políticas. Iglesias, apoyado en su nuevo hombre fuerte, Pablo Echenique, ha laminado la pretendida transversalidad de Podemos, una hábil estratagema de Íñigo Errejón, diseñada para ganar votos de todos los sectores, escondiendo la verdadera ideología de la fuerza emergente. El 26J la formación morada se presentará con su verdadera cara, la de un partido populista claramente situado a la izquierda del espectro político. Nada que ver con el centroizquierda y la socialdemocracia a la europea. A lomos de la crisis y del cabreo general y gracias a la habilidad dialéctica de Iglesias alentada por algunas televisiones, Podemos ha pasado en dos años de la nada a ser la tercera fuerza política, haciendo bandera de tópicos tan eficaces como la casta, la gente o los de arriba y los de abajo. Su último giro estratégico le sitúa ya sin discusión en el extremo izquierdo del tablero político, junto a IU. La clarificación ideológica antes de unas elecciones es muy positiva.