La nueva campaña

Carlos G. Reigosa
Carlos G. Reigosa QUERIDO MUNDO

OPINIÓN

Creía que Pedro Sánchez ya había demostrado suficientemente sus limitaciones, pero en el PSOE de hoy al parecer aún creen lo contrario y le han permitido que comparezca de nuevo como candidato electoral. Ya está hecho y, aunque yo siga sin entenderlo -sobre todo, después de obtener los peores resultados del PSOE y de pilotar unas negociaciones esperpénticas-, no voy a dedicarle ni una palabra más a la cuestión.

Porque el verdadero problema que ahora tenemos por delante los ciudadanos es votar de nuevo con la esperanza de que esta vez sí que sirva para algo. Es decir, ya no se trata de votar al más próximo ideológicamente, sino también al más útil para formar un Gobierno cercano y competente. Los grandes trazadores de rayas rojas deberían tomarse un descanso. Y me refiero a todos, porque todos las trazaron, empezando por Sánchez ante el PP, Podemos ante Ciudadanos, Ciudadanos ante Podemos y el PP ante sí mismo.

Tengo la sensación de que estamos saliendo de un fracaso electoral y nada seguro de no estar entrando en otro. Por eso creo que los ciudadanos tenemos el derecho -y quizá también la obligación- de advertirles a nuestros líderes políticos que se acabó el tiempo de dedicarse al canje de cromos o de cargos. Lo que tendrán que hacer, después de que se conozcan los nuevos resultados, es algo mucho más sencillo. Tendrán que acordar unas alianzas programáticas con suficiente respaldo para sostener un Gobierno.

¿Qué ha impedido que se lograse esto con los anteriores resultados? Las famosas líneas rojas, que parecían trazadas para hacer imposible cualquier salida. Por eso algunos empezamos a pedir nuevas elecciones desde el primer momento. Y ante ellas estamos, felizmente. Porque, digan lo que digan unos u otros, nada fue posible antes.

¿Y ahora? Ahora tiene que ser posible. Y saldrá un Gobierno de derechas, de izquierdas, de centro o mediopensionista. Cada partido tiene su oportunidad de dar lo mejor de sí, y también la posibilidad de ser castigado si no lo hace. Todos saben que los españoles esperamos un Gobierno. Los líderes de los partidos deben enmendar actitudes ególatras y errores estratégicos. Porque si no valen para esto, ¿para qué los queremos?