Un editor (el editor) en su sitio

Xose Carlos Caneiro
Xosé Carlos Caneiro EL EQUILIBRISTA

OPINIÓN

La Galicia moderna ha tenido la fortuna de contar con un editor clásico, en el sentido más noble del término, que antes y ahora peleó por las libertades y por la libertad. Repasemos el concepto, porque muchos lo han olvidado: libertad es decir lo que uno piensa sin callar la opinión del otro. Libertad es ser osado frente a los que defienden su libertad solamente, no la de todos. He contado muchas veces la grata perplejidad que sentí una tarde ourensana de hace veinticinco años, o así, recién iniciado mi oficio de columnista en La Voz. Hablaba Santiago Rey ante un auditorio, académico fundamentalmente, pero aderezado con la presencia de políticos. Yo aún no lo conocía. Pero su tono solemne me fue arrastrando. Clamó contra el atraso económico, la ausencia de líderes sólidos y contra la clase política mendaz. Lo hizo ante ellos, con cortesía, pero también con contundencia intelectual.

He aquí la descripción de los artículos y también su trayecto vital: la culta ilustración, contestataria (Yo protesto), frente a las ordinarias imposiciones del presente.

Cuando Galicia y toda España peleaban por su emancipación, por el largo y anhelado sueño de la democracia, él estaba ahí. Empujaba a favor de una sociedad con más oxígeno frente a un ambiente irrespirable. Y cuando nuestra democracia se ve atenazada por intolerancias, redentores violetas y retornos destructivos a ideologías fracasadas, él sigue estando ahí.

Santiago Rey Fernández-Latorre es un editor. El editor. Esa palabra se desvanecería si no añadiésemos que es un editor a la manera clásica, como afirmo en el primer párrafo. De los que ya no quedan. Es capaz de mantener en el tiempo unos principios loables y jugarse por ellos su hacienda y hasta cicatrices de su propia biografía.

Sus artículos son habitualmente brillantes argumentaciones lógicas. Otras, doloridos y angustiados, se alzan como un grito contra la incuria. El grito de Munch. Nunca veremos acomodación o avenencia. Quizá porque en el carácter del editor no cabe la palabra resignación. Su fibra moral y una conciencia impecable son el motor de su vida (y de su periódico).

Galicia ha tenido mucha suerte con Santiago Rey y son incontables los beneficios que el país debe a La Voz. Basta leer con detenimiento estas piezas para comprender que en ellas va escrita nuestra naturaleza y albedrío, nuestro sentido común y el derecho a hablar alto y claro. El periódico vertebra nuestra tierra dándole unidad y dirección. Es una obra colectiva -un periódico no puede ser otra cosa-, pero durante décadas ha tenido un corazón y una cabeza. En las buenas y en las malas, Santiago Rey siempre ha estado ahí. Suministrando ideas, amparo y aliento. Haciéndose responsable último y único, con valentía siempre.

El editor, nuestro editor, sabe estar en su sitio en estos tiempos en los que la edición de periódicos sufre un desgaste intelectual sin parangón. Estar en su sitio. Casi nada. Peleando, antes y ahora, por las libertades y por la libertad.