250.000 euros

Yashmina Shawki
Yashmina Shawki CUARTO CRECIENTE

OPINIÓN

El ministro de Asuntos Exteriores húngaro ha sido muy claro, no cederá a lo que considera un chantaje de la Unión Europea. Y es que la nueva ocurrencia de sancionar con 250.000 euros por cada refugiado rechazado por cualquier país de la Unión Europea no puede sino sacar los colores a este viejo continente, testigo de miles de matanzas, exterminios y éxodos forzosos desde el comienzo de su historia. Un viejo continente que sigue soportando la losa del holocausto judío o de masacres como la de Srebrenica, pero que es incapaz de llevar a cabo una política digna para con las decenas de miles de refugiados sirios, iraquíes y afganos que se agolpan en campamentos improvisados y en condiciones lamentables.

Tras un par de años de idas y venidas, de negociaciones a desgana, de un ignominioso pacto con Turquía para pagar sus servicios como freno a la llegada de refugiados, al final, algunos dirigentes de esta renqueante Unión han puesto precio a la vida y al futuro de cada refugiado: un cuarto de millón de euros. No está mal, aunque realmente es mucho más barato de lo que el Centro para Evaluaciones Estratégicas y Presupuestarias estima, por ejemplo, que cuesta un bombardeo aéreo de Estados Unidos en Siria: dos millones y medio de dólares.

Mientras Siria se convierte en un páramo y Estados Unidos, Rusia y otros países se gastan una fortuna en armamento, aquí discutimos por un refugiado más o menos. Es una pérdida absurda de un tiempo precioso para millones de personas cuya vida podría volver a la normalidad si el esfuerzo que se emplea en reuniones vacuas se ocupase en forzar la paz en Siria, empezando por una acción conjunta contra el enemigo común que es el fanatismo islamista del Estado Islámico, Al Nusra y afines para llegar a una democracia plural.