«El buzoneo es un derecho». Lo ha dicho el intelectual socialista Óscar López y lo reafirmó el sabio popular Martínez Maíllo al precisar que no solo eso, sino que además «garantiza el sufragio secreto». Creíamos que nuestros derechos pasaban por tener un trabajo, una vivienda, una sanidad o una educación dignas, y creíamos también, inocentes que somos, que la reserva del voto más bien estaba reñida con el carretaxe, que ha llevado, precisamente, a algunos populares de Lugo a pasar por los juzgados. Pero cuando se trata de mantener las mamandurrias, que diría doña Espe, cualquier argumento es válido. Y eso es lo que están haciendo socialistas y populares en un intento desesperado por justificar lo injustificable. Que mientras nos dicen que quieren abaratar la campaña del 26J, se niegan a renunciar a los gastos más gravosos.
Hay que tener un rostro feldespático para decir que nuestra democracia tiene uno de sus pilares en el buzoneo y negarse a renunciar a él, salvo Podemos y Ciudadanos. Resulta escandaloso hablar de gastar en buzoneo en un país que está como está y hacerlo ante empresarios, autónomos, trabajadores o parados y ante a la señora María, que se ha tenido que licenciar en economía, administración de recursos, producción, consumo y ahorro para poder llegar a fin de mes.
Así que no nos hagamos ilusiones. La vieja política sigue en sus trece. De nada ha servido el escarmiento del 20D; quizás por insuficiente. A ver si en la próxima consulta somos más expeditivos y los enviamos, de una vez por todas, a jugar al parchís a sus casas. Que es lo que se merecen.