Tiempo de disculpas: para algunos

Uxio Labarta
Uxío Labarta CODEX FLORIAE

OPINIÓN

Por sus frutos les conoceréis: el Partido Popular tiene siete millones de españoles que entienden que sus intereses están adecuadamente representados y defendidos por el partido de Rajoy, con Rajoy al frente. Otros cinco millones de españoles apostaron por los socialistas, y otros tantos por los podemitas. Menos lo hicieron por Ciudadanos y muchos menos por Izquierda Unida.

Los resultados electorales no han permitido ni formar Gobierno ni que se hable de nuestros problemas. Los cuatro meses transcurridos, además del pacto de 200 medidas de PSOE y Ciudadanos, no han permitido hablar, por ejemplo, de los nuevos recortes que la UE pretende que hagamos. Recortes a añadir a los ya sufridos en estos años pasados con graves deterioros en educación, sanidad y protección social, que han supuesto una falta de expectativas sociales, con más emigrantes jóvenes, una pérdida de población y un aumento del empobrecimiento y la desigualdad. Ante el dios del déficit público, que incluso nos hizo cambiar la Constitución, predicado por las autoridades europeas, y abrazado con entusiasmo por Rajoy o por Feijoo, asoma tímidamente en los Gobiernos y en el FMI la versión contraria, hasta ahora negada, según la cual son esas reformas para recortar el déficit hasta la extenuación, impuestas por la UE, las que han estado debilitando nuestro crecimiento. Pero en estos meses poselectorales nadie ha querido entrar en ello. Tampoco en la corrupción, ni en el problema territorial del Estado o el problema catalán.

Las necedades que se dijeron en estos meses, y fueron muchas, empiezan ahora a recogerse: Sánchez se disculpa de haberle llamado indecente a Rajoy, Iglesias de haber mantenido la «cal viva», y quien menos se columpió, Rivera, quizá acabe retirando su veto a Rajoy, por no ser adecuado para dirigir la necesaria regeneración política. Solo se mantiene incólume el discurso de Rajoy, donde no hay atisbo de arrepentimiento por ser un apóstol del déficit y bruñir su discurso y su política con la «herencia Zapatero».

Iglesias anda en el sorpasso socialista, confluyendo con la Izquierda Unida y pactando con unos de sus contrarios para debilitar a los otros. Siempre tengo la sensación de que los inscritos de Podemos son como los bautizados católicos. Ni unos ni otros eligen a sus príncipes.

Los socialistas siguen siendo un partido muy difícil -dijo Rubalcaba-, y el preferido de ayer, Pedro Sánchez, es odiado mañana. Y el preterido de ayer, Madina, un ariete para ahora mismo. Por más que todos los posibles poderosos jueguen al vete tú que a mí me da la risa.

Sucede, sin embargo, que en algo dicen que están casi todos los socialistas de acuerdo: no negociar con el PP, ni tampoco con Iglesias. Con lo que uno se teme que la política que puedan prometer los socialistas en estas elecciones apenas pueda servir para que escriban los versos más tristes una noche. Puro suicidio. Ya no hablan de política, apenas de su vida. Que no me interesa.