Los buenos tienen reválidas

Cristóbal Ramírez AL DÍA

OPINIÓN

30 abr 2016 . Actualizado a las 05:00 h.

Sin Gobierno, con el ministro responsable del desaguisado viviendo un exilio dorado en París y en un país donde protestar goza de la categoría de deporte nacional, el debate sobre las reválidas es todo menos sosegado. Se suceden los manifiestos en contra porque, se argumenta, entre otras cosas podría valer para establecer una clasificación de centros, algo que el actual titular de Educación tuvo que negar en el mismísimo BOE ante las intensas presiones.

Resulta muy difícil entender las reválidas en Primaria. No solo no se encuentra razón plausible para hacerlas, sino que su puesta en marcha es algo muy improvisado y sin criterios claros de calificación, oportunidad y proyección futura. En ese sentido, sí estoy en contra.

Pero no estoy en contra de la existencia misma de las reválidas y mucho menos de que no sirvan para clasificar centros. Países como Dinamarca, Suecia y, atención, la envidiada Finlandia tienen reválidas en su bachillerato desde hace muchos años, llamadas exámenes nacionales.

Por supuesto que las reválidas nórdicas evalúan conocimientos de los alumnos. Por supuesto que homogeneizan y no vale decir que obvian la cultura de la comunidad inmediata, porque son eso, exámenes nacionales donde no se pregunta por la batalla de Pontesampaio o la fiesta de la Tomatina. Por supuesto que valen para hacer un ránking o clasificación de centros, para detectar cuáles son un desastre en -es un mero ejemplo- matemáticas y aplicar medidas correctoras, entre las que en ocasiones se encuentran el despido del profesor correspondiente. Por supuesto que profesores ajenos al centro son los que examinan y evalúan, con la ayuda o información que les presta el profesor habitual. Por supuesto que eso estimula la competencia y evita el corporativismo en unos países donde los profesores son, todos, contratados laborales y jamás funcionarios.

Y por supuesto que también gracias a las reválidas esos países están en los primeros puestos en PISA. ¿Conclusión?