Hay libros que le impresionan a uno, que resultan iluminadores, que son todo un hallazgo. Eso me ha pasado esta semana con El poder de la neurodiversidad, de Thomas Armstrong, un psicólogo norteamericano con amplia experiencia en el campo de la educación especial. Su tesis es bien sencilla: así como utilizamos los términos diversidad cultural y biodiversidad para referirnos a la rica variedad de la herencia social o de la vida biológica, necesitamos un término que exprese la riqueza de los diversos tipos de cerebro existentes. No hay un cerebro perfectamente normal con el que el resto de los cerebros deban ser comparados y, de hecho, la diversidad entre cerebros es tan maravillosamente enriquecedora como la biodiversidad y la diversidad entre culturas y razas.
No se trata, como algunos podrían sospechar, de una nueva forma de corrección política ni de un elemento romántico, de hacer de la necesidad virtud. Las enfermedades mentales, la discapacidad intelectual y los trastornos del aprendizaje implican tremendas privaciones, dolor y sufrimiento. Pero merece la pena centrarse en los aspectos positivos. Un mundo neurodiverso es un mundo rico. Armstrong lo evidencia a lo largo de su obra al repasar el autismo, el TDAH, la dislexia, los trastornos del estado de ánimo, la discapacidad intelectual y otras diferencias cerebrales. Una lectura que les recomiendo en un día tan especial para los amantes de los libros.