No llegamos los que somos


Presidente de la Escuela de Finanzas

Galicia se despuebla y con ello se agrieta como una tela vieja. Esto es una obviedad que nadie niega; pero donde parece que no hay el mismo consenso es en las soluciones. Quizás tenemos una obsesión innata por el disenso o simplemente nos ruboriza llegar a consensos con cierta rapidez. Pero es obvio que ante los retos demográficos solo hay dos tipos de política, una estructural y de largo plazo y otra de corto. ¿Cuál hacer? Pues las dos, obviamente. Faltaría más. Las políticas natalistas, por muy bien que estén diseñadas, como es fácil de deducir, solo funcionan en el largo plazo, lo cual no quita que apliquemos aquello de empieza a vestirme, aunque sea despacio, porque tengo prisa. Hemos de recuperar el sentido de la familia, pero no de la decimonónica, porque tanto daño le hace a la natalidad la falta de conciliación laboral como la existencia de padres enganchados a la delegación de funciones. Ninguna política natalista podrá cuajar en poblaciones urbanas si no se superpone sobre políticas de igualdad en el hogar. Adicionalmente, hemos de reducir drásticamente el coste de tener un hijo, lo que nos lleva directamente a temas como el acceso gratuito a una educación o a una sanidad de calidad. Pero permítame que me aleje de ese debate para  entrar en otro. Está demostrado que sin ayuda externa no podremos revertir ni en el corto ni en el medio plazo nuestra pirámide de población, lo que nos lleva al tema tabú, la inmigración ¿Que no le agrada la idea? Se ha parado a pensar, por ejemplo, quién pagará su pensión y la de su cónyuge. ¿Ah, es que tiene usted dos hijos? Ya.

Tenemos que poner encima de la mesa tres debates: primero, la vuelta de los expatriados, iba a decir expulsados, pero hoy tengo un día tranquilo. El segundo, la captación de capital humano cualificado de naciones emergentes; y el tercero, la repoblación del campo, nuestro desierto verde. Para lo primero necesitamos de lo segundo. Serán los de fuera los que ayudarán a retornar a los nuestros ¿Cómo? Reinventando nuestra educación universitaria y redefiniendo la sanidad pública. ¿Ve posible que una facultad de una universidad pública irlandesa sea capaz de conseguir ella sola, desarrollando formación en Asia o en África, el 10 % de los ingresos de toda la Universidade da Coruña? O ¿ve lógico que la sanidad gallega esté carente de médicos jóvenes y con los veteranos volcados en la privada? ¿Y aún decimos que todo va bien? Necesitamos otros puntos de vista, otros profesionales, personas que cuestionen nuestro estilo de vida, que nos saquen de la decadencia. Y estos han de entrar a través del sistema de educación superior y de ahí saltar a nuestro tejido más innovador. Porque esta inteligencia, la que ansío para Galicia, o la captamos joven, o no la captamos. Y si lo duda, hable con las áreas de recursos humanos de nuestras pocas multinacionales.?

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