Todos quieren ganar. Es más antiguo que el pan. Y sin desgastarse. Así es que vamos cuesta abajo hacia nuevas elecciones, que no deseaba ni un señor de Murcia. Salvo extraño pacto en el centro, que es la diana, estaba cantado el desastre. El centro del PSOE cuando se centra. Pedro Sánchez y Susana Díaz devorándose a sí mismos. El centro de Rivera, cuando no se le nota tanto que es un miniyo del PP. Albert, el cuñao perfecto. El centro del PP. Cuando el PP haga la renovación, ¿será Ciudadanos 2.0? El centro de Errejón para que a Iglesias no se le vaya la pelota de macho alfa. Podemos tiene el centro en que también es transversal. ¡Un billar a tres bandas imposible de jugar! Nunca quisieron jugarlo. Y es que la pregunta del millón de grelos es: ¿el centro es el sentido común? ¿Es el centro el equilibrio? ¿El santo grial? ¿El espacio bendecido para que nadie se asuste? ¿O el centro no existe y todos somos o de derechas o de izquierdas? ¿Es el centro la gran mentira del miedo que viene de una guerra incivil muy vil y de cuarenta años de dictadura dura? ¿Ser de centro es ser fofisano? Un vale todo. Alguien que no se decide. El pagafantas. ¿Es el centro el globo sonda, el lugar de encuentro del Ibex 35? ¿Por qué nos querían centrar si damos lo mejor de nosotros cuando estamos descentrados? ¿O no? El centro igual es donde centrifuga la cordura. Pero que yo recuerde nada emocionante sucedió con la música baja. El tiempo no pasa. Tantos años después: ¿o eres de la CEDA o del Frente Popular? Somos clones de nuestros abuelos y ni lo sabemos. De ahí el éxito de El ministerio del Tiempo. Minihistéricos. A votar, a derecha o a izquierda, porque el centro de Suárez lo han dinamitado entre todos. Lo tibio no quema ni congela, pero en este país de trincheras el grifo del agua tibia no se abre.