Nuestras castas panameñas


La ventaja que tiene el término casta -como el de beautiful o gente guapa- es que permite meter en el mismo saco a personajes de diversas opciones en el eje izquierda o derecha. Esa casta tiene también otra afinidad potencial como estamos viendo por los llamados papeles de Panamá: que, al margen de su ideología política, más de mil empresas españolas y casi otros tantos accionistas, clientes o beneficiarios con domicilio fiscal en España coinciden y consideran de interés radicar una parte de su patrimonio en el extranjero.

Sin embargo, pasan por ser una casta patriótica. Tanto si eres infanta de España, como si vendes nuevo cine español, si eres el crac de la liga nacional de fútbol, de la serie más vista de la Televisión Española, bodegueros de la España más profunda o patrones de los tres grupos hoteleros más importantes del estratégico sector turístico español.

Aunque todos ellos son lo sean en buena medida gracias a sus actividades dentro de España (y puedan envolverse en la bandera), en cuanto aparecen en papeles de cualquier país extranjero que facilite una cierta opacidad y secreto contables suceden dos cosas.

La primera, que lo más probable es que lo hagan para intentar desentenderse de parte de sus obligaciones fiscales con el país en el que residen, y en el que obtienen sus ganancias patrimoniales. Porque esta gente guapa -beautiful o casta- considera un robo financiar la Hacienda pública española para cubrir unas necesidades colectivas (sanitarias, educativas, etcétera) que ellos resuelven en el mercado de servicios de lujo a escala global. Rompen así un pacto social implícito, según el cual los más afortunados del país asumen financiar (en base a toda su riqueza) el bienestar social de los que lo son menos. De manera que, aunque ellos no existirían sin la sociedad española, se desentienden de ella. La segunda, y quizás más grave, es que quienes así actúan están adelantando un escenario en el que de darse la quiebra social de España (a causa de alguna hecatombe financiera de las que suelen inflar algunos de sus colegas) tendrían garantizado su tren de vida. Es decir: coches de lujo, sanidad de lujo, aviones, yates, residencias, etcétera. Nuestras castas panameñas (desde Andorra a Barbados pasando por Luxemburgo o Suiza) se cubren del riesgo de una eventual bancarrota de España. Parten del supuesto de que España podría ser un Titanic y como ellos son de primera clase se están buscando la vida.

Por activa (desconfiar de la estabilidad del país) y por pasiva (no pagar todo lo que debieran) los miles de miembros de nuestras castas panameñas son la peor especie de antisistema que uno pueda imaginar: se cargan la cohesión social y, acto seguido, justifican su escaqueo por el riesgo de hecatombe social. Estoy seguro de que, casi al mismo tiempo, desgravan en el fisco por donaciones a obras filantrópicas o caritativas.

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