Errejón en Siberia

Enrique Clemente Navarro
Enrique Clemente LA MIRADA

OPINIÓN

Cuando estalló la crisis en Podemos, que se demostró que no era cosa del PSOE, de los medios de comunicación, de las élites, ni del Ibex 35, como decían sus dirigentes, Pablo Iglesias escribió un tuit que pretendía ser gracioso. Decía así: «He mandado a Bescansa y a Errejón a Siberia a re-educarse por ¡DISIDENTES!». Días después, laminaba con nocturnidad y alevosía al secretario de Organización, Sergio Pascual, mano derecha de Errejón. Han pasado dos semanas y el portavoz en el Congreso y secretario político de la formación morada, su número dos, con permiso de la fulgurante Irene Montero, mantiene su silencio. No consta que haya sido deportado a las frías tierras siberianas, pero sí que tiene un cabreo monumental. Los votantes de Podemos deberían exigirle que dé explicaciones de forma inmediata sobre los motivos de sus disensiones con Iglesias. En realidad, se las debe a la opinión pública. No vale jugar al adolescente que se enfada y se queda mudo. Es notorio que Errejón no está de acuerdo con las formas con las que el líder ha llevado las relaciones con el PSOE, lo que aquí bauticé como técnica del beso en cal viva, que consiste en denigrar al máximo al partido con el que quieres gobernar y luego ofrecerle tu amor. Basta con ver la cara que puso cuando Iglesias llamó asesino a González. Pero ¿cuáles son las discrepancias políticas de fondo entre ambos? ¿Son solo diferencias en cuanto a la forma de organizarse, como nos quieren hacer creer los pablistas? ¿Íñigo y Pablo se siguen queriendo, como proclama la cursilería podemita? La broma de Iglesias está en vías de hacerse verdad poética: Errejón es un disidente de su ordeno y mando que va camino de la Siberia política. A menos que la reeducación haya funcionado y nos quiera hacer creer que aquí no ha pasado nada.