El niño de Idomeni


En Idomeni, en la frontera entre Grecia y Macedonia, a 2.888 kilómetros de Bruselas, este niño refugiado exhibe una pancarta: «Lo siento por Bruselas». El pequeño, una venda en su codo izquierdo, mirada hambrienta, muestra su solidaridad con las víctimas de los atentados de Bélgica, con una Europa que le ha cerrado (Europa no, su clase política) la puerta en las narices. Es esta la imagen de una víctima solidarizándose con víctimas. Nada más, y nada menos. Su mensaje: fraternidad. Que sea recíproco. Ayer fue día de muchas imágenes. La mayoría terribles. Otras, como esta, esperanzadoras. Algunas, patéticas: al mismo tiempo que el niño alzaba su pancarta, en Madrid, a 1.579 kilómetros de Bruselas, mucho más cerca de la capital de Europa que Idomeni, criticaba Pablo Iglesias, líder de Podemos, el pacto antiyihadista, al que solo irá de observador, a aportar «soluciones». A renglón seguido, aportaba la primera: no es lógico recortar libertades mientras se venden armas a Arabia Saudí... El día en el que Europa vuelve a desangrarse, el mensaje es retorcido pero al mismo tiempo nítido: la culpa de todo esto es nuestra, europeos. Por intentar sobrevivir. Por intentar sonreír. Por saludar a un vecino en la escalera. Por hacer la compra. Nos lo hemos buscado. Ahí los tienen: el niño de la foto y el hombre que busca la foto. La inocencia frente al cálculo político. El silencio emocionante de un niño frente a la estupidez de las palabras.

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