Hoy entra en vigor, en este páramo nuestro, la Lei do Solo con la que se pretende acabar con la desfeita que durante décadas hemos perpetrado con nuestro entorno. Es el cuarto intento. Han sido años y años de destrozos incomprensibles de los que ni un solo gallego nos sentimos orgullos, pero a los que todos contribuimos, en mayor o menor medida. Las Administraciones a la cabeza.
Dejando a un lado la legalización masiva de edificaciones, entre otras brillantes ideas, esta nueva normativa confiere a los concellos la potestad de autorizar las construcciones en suelo rústico. Y así ya tenemos al zorro cuidando de nuestras gallinas. El propio presidente de la Fegamp hizo patente la reticencia de los alcaldes que ahora van a tener la última palabra, sobre lo que se hace en su territorio. Y ello aventura que lo que hoy entra en vigor nazca casi muerto.
El estropicio urbanístico y paisajístico que ahora vive Galicia se debe en gran medida a la entusiasta colaboración de alcaldes y ediles con constructores y propietarios. Y, sin embargo, volvemos a entregarles la llave de nuestro tesoro.
«Ti vai facendo, que xa veremos», ha sido la frase preferida durante décadas de gran parte de nuestros responsables municipales. Y la que seguirán diciendo cuando un familiar, amigo o vecino le pida consejo para levantar un piso más y hacer una pajarera. «Ti vai facendo», le dirá. Y este puede ser el eslogan de las próximas municipales. El mismo para todos los partidos.