Pedro, deja ya de marear la perdiz


Cuando un tópico se repite mil veces en los medios de comunicación, acaba convirtiéndose en verdad incuestionable para los ciudadanos. Solo así se explica que la mayoría de los españoles haya interiorizado el mensaje de que todos los partidos mantienen unas posiciones de bloqueo que impiden conformar un Gobierno estable, y que por ello es inevitable repetir las elecciones. Según ese discurso falaz, todas las fuerzas políticas serían responsables en igual medida del fracaso que supondría regresar a las urnas. Un análisis desapasionado de la realidad permite comprobar, sin embargo, cuán equivocado y falso es ese tipo de diagnóstico.

Existen en este momento cuatro grandes partidos sobre los que recae la responsabilidad de articular un acuerdo que sume una mayoría en el Congreso. Y, al margen de filias y fobias, lo cierto es que hay tres fuerzas que defienden pactos claros y realistas que darían una mayoría suficiente para que España tenga Gobierno. El PP y Ciudadanos apuestan nítidamente por un acuerdo entre populares, socialistas y naranjas, que daría lugar al Ejecutivo con mayor respaldo de la democracia, 253 diputados. Y los dos están dispuestos a negociar las condiciones con el PSOE. En el otro lado, Podemos y sus confluencias plantean una alternativa de izquierdas apoyada por nacionalistas, que podría sumar 168 escaños con el PSOE, Podemos, IU, PNV, Coalición Canaria y al menos la abstención de ERC y DiL. Ese Ejecutivo tendría también mayoría suficiente. Todos los implicados en ese pacto están dispuestos a negociar con el PSOE. Nada de quimeras ni bloqueos, por tanto, en estas dos propuestas alternativas de Gobierno coherentes y perfectamente legítimas.

¿Y por qué estamos perdiendo miserablemente el tiempo en España en lugar de impulsando uno de esos dos Gobiernos viables? Porque el PSOE se niega a negociar ninguna de las dos opciones que darían lugar a ejecutivos estables y Pedro Sánchez se empeña, por el contrario, en sostener la ridícula propuesta de un Gobierno formado por PSOE y Ciudadanos, con solo 130 escaños, y al que los votos del PP y Podemos aplastarían en cada votación, incluidos los Presupuestos. Y, como alternativa aún más surrealista, plantea un imposible pacto PSOE-Podemos-Ciudadanos, obviando que, lógicamente, ni Ciudadanos ni Podemos la aceptan por ser una aberración política.

El problema de Pedro Sánchez es que confunde el hecho de que cualquier combinación de Gobierno deba contar necesariamente con el PSOE, con la premisa de que él debe ser el presidente y los demás tienen que limitarse a facilitarle la tarea. Algo propio de quien pone su interés por encima de cualquier otra consideración. Ni el PP, ni Podemos, ni Ciudadanos están obstruyendo nada. En España no hay ninguna situación de bloqueo político insuperable. Hay dos alternativas de Gobierno perfectamente viables que suman. Pero Sánchez se empeña en ser presidente con una que no suma. Así que, Pedro, deja ya de marear la perdiz.

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