El destino del silencio

César Casal González
César Casal CORAZONADAS

OPINIÓN

Dicen que Galicia puede hacer caja turística en Semana Santa. Ojalá. Falta hace cuando cada vez parece que la herrumbre de la crisis no se ha ido del todo. Pero los que todavía duden no tienen nada más que fiarse de lo que decía García Márquez de las 72 horas que pasó aquí en el año 83. Huía el escritor de las fatigas del reinado de miss de la literatura. En el 82 se llevó la corona y estando en Madrid un año más tarde pensó que la única forma de tratarse por fin bien a sí mismo era huir a Galicia. Y así lo hizo. A Galicia no se viene. Se huye a ella. Somos el destino del silencio. Del sabor. Gabo jamás olvidó sus horas aquí. Escribió un bello artículo sobre nuestra lluvia. Él venía buscando aquellos jamones que su abuela gallega le preparaba en Colombia de niño y que no eran otra cosa que lacones. Ese lacón que, si se prueba, se convierte en memoria. Gabriel García Márquez anotó de Compostela una definición que es un álgebra: «La ciudad se impone de inmediato, completa y para siempre, como si se hubiera nacido en ella». Gabo se murió sin decidir qué plaza de dos era la más bella del mundo. La de Siena, con esa pequeña inclinación alucinante, o la de A Quintana, ese playa de Santiago donde generaciones de estudiantes y de compostelanos han poblado los escalones para hacer allí la fotosíntesis cuando sale el sol como un cometa Halley. Tomen nota de Gabo que está en los cielos y en los libros como guía turístico y reserven un espacio en el silencio. No hay hoy nada mejor y más sano que el silencio. No tiene precio. Como no lo tienen unos días entre gallegos.