Rita, la encantadora

Fernando Ónega
Fernando Ónega DESDE LA CORTE

OPINIÓN

26 feb 2016 . Actualizado a las 05:00 h.

Rita Barberá se lo había dicho a Rajoy: «Soy inocente», y Rajoy se convirtió en su portavoz. Pero se nota que Rajoy le aconsejó que se lo dijera también a los ciudadanos, y la senadora se presentó ante los medios a negarlo todo: no ha conocido  blanqueo, no amañó ningún contrato, no insinuó la menor mordida, no tiene noticia de ninguna caja b ni llave para abrirla, se presentó como una mujer a la que le falta poco para vivir de su familia, lleva 40 años cotizando a la Seguridad Social y concluyó: «Soy una persona honrada».

Enhorabuena a la señora Barberá y a su conciencia. Espero que envíe una copia de su sentida declaración al Tribunal Supremo, para que revise el comienzo de sus actuaciones contra ella. Una persona de esa honradez acrisolada no merece que se pregunte al Senado si es senadora, porque cuando se hace eso es porque está a un milímetro de ser investigada, antes imputada. Y un deseo añadido: espero que doña Rita haya dicho ayer toda la verdad porque, si no la dijo, sería doblemente condenada por la opinión pública: por unos delitos que no sabemos si cometió y por mentir a la sociedad. Lo deseo de corazón.

No quisiera ahondar en su «inenarrable dolor anímico», pero hay dos cosas en la que estuvo mal asesorada. La primera, en descargar toda la responsabilidad en los comités y en los técnicos. Eso la sitúa en el capítulo de ilustres damas ?esta vez con poder político? que no se enteran de las tropelías que se hacen en su entorno o en su propia casa. La segunda, coger el ventilador para airear las corrupciones de otros y ahí salieron los ERE en confuso tropel, el alcalde de Vigo, el secretario general de los socialistas gallegos y una siembra de dudas sobre la financiación de Ciudadanos, partido al que el PP se empeña en presentar como «el partido del Ibex».

Feo. Es feo salir a tribunas públicas a repartir basura como mecanismo de defensa. Es feo sembrar dudas sobre distintas varas de medir por parte de la Policía y de la Justicia. Y es feo que un partido con todo el poder que tiene el PP acuda al viejo sistema de situarse como víctima de alguna conspiración. Solo les digo: 1) Si Barberá dice que es inocente, no tengo ningún inconveniente en repetir las palabras de Rajoy: «Rita dice que es inocente». 2) Me sumo a la queja de todas las personas  sentenciadas por la opinión publicada sin juicio previo, empezando por la señora Barberá. 3) Los políticos gallegos señalados por ella no han sido sorprendidos contando billetes en un coche ni tienen imputados a todos los miembros de sus grupos, municipal o parlamentario. Y 4) Cuando el PSOE de Felipe González cayó en la denuncia de conspiraciones, empezó a perder el poder. Y, sobre todo, la credibilidad.