La prueba más evidente de que quienes negocian la formación de un nuevo Gobierno no las tienen todas consigo y piensan en una nueva consulta son los actos de campaña celebrados ayer. El primero, cuando Albert Rivera se plantó ante los medios para anunciar cinco condiciones para cerrar un acuerdo de Gobierno. El segundo, cuando Pedro Sánchez dijo que «si esas son las condiciones, que a nadie le quepa duda de que habrá un acuerdo». Podríamos pensar, pues, que habrá un nuevo Ejecutivo como habrá una reforma constitucional exprés; pero nada más lejos de la realidad, ya que ninguno de los dos tiene la capacidad de sacar adelante la propuesta sin la venia de Mariano Rajoy. Porque acabar con los aforamientos, garantizar la independencia de los jueces o suprimir las diputaciones, eso que a los de a pie nos parece tan elemental, no es tanto competencia del PSOE o Ciudadanos como del PP, que dispone de la capacidad de rechazar la reforma exprés al tener mayoría absoluta en el Senado. Y no es solo que tenga la capacidad, es que lo hará.
Así pues, Rivera y Sánchez pueden hablar de lo que les venga en gana, pero no deben engañarnos. No hay reforma constitucional posible sin que el PP abra la barrera y la apoye. Y eso lo saben ellos mejor que nadie. Pero llegados hasta aquí, y por si las cosas no salen bien, celebraron dos actos de campaña.
Convendría un poco más de cordura; algo más de realismo; bastante más responsabilidad y muchas menos bobadas.