El eco de Eco

César Casal González
César Casal CORAZONADAS

OPINIÓN

El eco de Eco no es instantáneo como el de Internet. No es viral. No es delicuescente ni superficial. Perdurará. Con Umberto muere una época. Un tipo de hombre sólido, preparado, una biblioteca con pies que casi no existe. Es un drama. Él lo denunció en sus escritos. Solo somos curiosos (y muchas veces impertinentes). No sabemos ser críticos. Para saber se necesita tiempo y esfuerzo. Y, si además se tiene talento como Eco, premio. Una hora de conversación con estos letrados se convierte en una lección. Se aprende de ellos todo, hasta cómo miran y las pausas que hacen. Ahora que la política está al nivel de Sálvame, hiere. El nombre de la rosa fue un súperventas, pero es una gran novela que te obliga a pensar, que deja poso. El Código da Vinci es una tienda de campaña al lado de El nombre de la rosa, que es una catedral. El cementerio de Praga es otra genialidad. Apocalíptico e integrado, sabía de papiros, pero también de güisqui. En la baraja de su cabeza estaban los beatos medievales y el poder de los medios de comunión. Tenía una memoria prodigiosa (su cabeza era un buscador tan poderoso como Google y mucho más selecto, sin necesidad de teclear nada). Y le espantaba el conocimiento prefabricado. Era hijo de una universidad y de una educación a las que les recortamos las alas. Umberto Eco era (es) la Europa que nos estamos cargando. Un continente con contenido.