La Gran Marea o la gran mentira

Xose Carlos Caneiro
Xosé Carlos Caneiro EL EQUILIBRISTA

OPINIÓN

15 feb 2016 . Actualizado a las 05:00 h.

Siempre he admirado a Bette Davis. Quizá he estado prendido de ella y, sin saberlo, mis sueños se agitaban en la coctelera de sus grandes ojos de chocolate. Por Bette se estiraban mis ilusiones como una goma y el regreso a la realidad, al soltarlas, era siempre una herida. Uno de mis primeros relatos llevaba su nombre en el título: Bette Davis, por favor. He caído, lo confieso, en la ansiedad del fetichismo por contemplar todas sus películas. La peor, sin duda, es La gran mentira. No les hablaré de ella, pues no lo merece. Sírvame únicamente el título para encabezar esta columna. La otra parte del sintagma va dedicado, una vez más, a En Marea: ese engaño.

Lo es, y cada vez me caben menos dudas. Engañaron a sus votantes cuando prometieron un grupo parlamentario propio en Madrid, a sabiendas de su imposibilidad legal. Los engañaron cuando afirmaron que Galicia tendría voz propia, pero la única voz que resuena para representarlos, a ellos y sus votantes, es la del madrileño Iglesias Turrión. Engañaron cuando hablaron de su importancia dentro de Podemos y, para refrendarlo, sabemos que los pactos con Sánchez llegan a los seis diputados gallegos en diferido, o sea, como los pagos de Bárcenas el miserable. Cito su nombre, con repugnancia manifiesta, porque cuando uno se atreve a criticar a En Marea rápidamente refutan tal opinión con argumentaciones ajenas al asunto. Sí, ya sé de la corrupción, he escrito de ella. De las puertas giratorias y las falsedades. Pero hoy, como el pasado lunes, hablo de En Marea. Y sigo con sus engaños, que son muchos. Engañaron a los nacionalistas de buena fe, que siguen residiendo en el BNG, cuando colorearon su programa con el afán de defender solamente los intereses propios de Galicia. Y se llevaron sus apoyos. Y no solo eso, hasta han convencido a algunos militantes nacionalistas de que se unan a ellos. Para qué, me pregunto. En Marea solo tiene un líder, Iglesias Turrión. Y un propósito en Galicia: arrebatar los 800.000 votos nacionalistas y socialistas, uno a uno. Ese es su interés. Porque una vez recolectados los votos, quien manda y ordena es el salvador, que se pone esmoquin para los Goya y mangas de camisas para el rey. Recuerdo a Jorquera con Juan Carlos I, vestía traje y corbata amarilla. Se mostró cortés y afable, aunque discrepante con la Monarquía. Una lección de sentido común.

En Marea representa la Galicia que no quiero: de segunda. Por eso Sánchez habló con Compromís y no con ellos. Se entiende con Colau, y no con ellos. Son los que pretendían una Galicia preponderante y la han llevado a Madrid en el maletero de un «patriota español» (así se define Pablo Iglesias). La gran mentira. No la peor película de Bette Davis, sino una mendaz opción política en la historia democrática gallega.