Cunqueiro, nominado

Luís Pousa Rodríguez
Luís Pousa FARRAPOS DE GAITA

OPINIÓN

A estas alturas del ruido mediático y del caos organizativo del Ayuntamiento de Madrid -ya es más Ahora sí, Ahora no que Ahora Madrid-, no sabemos si a Álvaro Cunqueiro lo van a descatalogar del plano municipal, pero aparece nominado en el informe La pervivencia del franquismo en el callejero madrileño. Antonio Ortiz Mateos, de la Cátedra de Memoria Histórica de la Complutense, apunta al escritor en su índice porque «colaboró con diversas publicaciones falangistas, como Vértice o Destino». Olvida que también escribió en Era Azul, «guion de la Falange Española de las JONS en Ortigueira», donde publicó algunas de sus espléndidas vidas de santos milagreros, que hoy leemos con el asombro de que sorteasen la vigilante censura, ya que en ellos la fantasía y la realidad se entremezclan sin rubor ni fronteras claras.

Al estallar la guerra civil, Cunqueiro se afilió a la Falange, de la que fue expulsado en 1943 por un turbio asunto de una compra de papel. Solo un año antes de que le retirasen el carné de prensa por otro confuso negocio en el que, según el relato minucioso de Xosé Luís Franco Grande, Cunqueiro cobró por adelantado un dinero de la Embajada de Francia para escribir unos textos sobre el Camino de Santiago. Por supuesto, nunca entregó los artículos y ante las protestas de los diplomáticos, el prosista fue depurado con gran alarde administrativo y oficial: «Por haber cometido actos indignos de su calidad profesional, ha sido eliminado del Registro Oficial de Periodistas y privado en consecuencia del correspondiente carnet».

Como se ve, lo de eliminar a don Álvaro es una manía que viene de antiguo en España. Una irónica excepción sucedió en A Coruña en mayo del 2002, cuando se rebautizó con su nombre un tramo de la avenida dedicada a uno de los tótems locales del franquismo, el alcalde Alfonso Molina (aunque a pie de atasco la vía siempre ha sido Lavedra).

En junio de 1936 Álvaro Cunqueiro pedía con entusiasmo el sí al Estatuto de Autonomía y un mes después se había pasado al bando nacional. Tal vez para salvar su pellejo. O quizás por su rechazo a los sectores más extremos de la República. Quién sabe. Y sobre todo, quiénes somos nosotros para juzgar, desde la confortable democracia en la que estamos instalados, las decisiones de emergencia que se toman en tiempos de guerra. El heroísmo es admirable, pero no exigible. Y lo cierto es que cuando la dictadura desplegó su maquinaria para reducir nuestro idioma milenario a una jerga doméstica, Cunqueiro hizo con su literatura más que nadie por la supervivencia del gallego como lengua culta.

Por eso cuenta Paco Lores que cuando Luis Seoane ya vivía los años pares en Buenos Aires y los impares en A Coruña, al regresar a Argentina, los intelectuales del exilio le preguntaban por qué hacía tan buenas migas con un falangista como Cunqueiro. Y Seoane los atajaba:

-Porque escribe como los ángeles.