¿Vacas espía en Valencia?

Javier Guitián
Javier Guitián EN OCASIONES VEO GRELOS

OPINIÓN

Lo ocurrido con el Partido Popular de la Comunidad Valenciana es para darles de comer aparte, no solo por el hecho de haberse quedado con el dinero de todos los ciudadanos, sino también por la mala educación y la chulería de la que han hecho gala. Estos tipos, presuntamente claro, lejos de la corrupción al uso, se han dedicado a robar en los fondos de cooperación, a traficar con las ayudas a los ancianos o a quedarse con los sobrecostes de los centros educativos, insultando a quienes los criticaban o les pedían explicaciones.

Es verdad que no todo el partido está pringado, faltaría más, pero cuando la podredumbre va de la Generalitat a las diputaciones, y de los ayuntamientos a los cargos orgánicos del propio partido, hablar de conductas individuales es una estupidez; se trata, o así lo parece, de una banda organizada, porque la probabilidad de que esto se produzca al azar es mil veces menor que la de que a Fabra le vuelva a tocar la lotería otras once veces.

Pero vayamos a la cuestión. Piensen en Alfonso Rus, el fenómeno de la semana. Un tipo que prometió llevar el mar a Játiva mientras afirmaba «los tontos se lo creen y me votan», aseguró que Rajoy ganaría porque allí estaba él, «Superman», y con gracejo espetó: «O votáis a Cañete u os pego una paliza», cuando la rima fácil era con «cachete». Pues bien, el hombre fuerte del partido en Valencia ha caído ahora en desgracia, fruto, entre otras cosas, de una grabación en la que se le oye contando dinero de unas comisiones. Todo un clásico.

Si escuchan la grabación, algo que pueden hacer en cualquier medio de comunicación, verán que entre cifra y cifra se oyen mugidos de vacas. El sonido es realmente delicioso: seis mil, siete mil -mu, mu-, ocho mil, nueve mil -mu, mu-, para terminar con «dos millones de pelas». Si se fijan, da la impresión de que las vacas nos estuvieran alertando de que allí está ocurriendo algo ilegal, como si se tratara de agentes de la UDEF disfrazados o llevaban micrófonos ocultos. ¿Vacas espía?

El caso merece un estudio a fondo, pero en cualquier caso esta historia de vacas y corrupción nos plantea dos enigmas por descubrir. El primero es que el lenguaje de las vacas parece mucho más evolucionado que el habitual de Rus. El segundo, no menos inquietante, es que los implicados no desconfiaran de las vacas infiltradas. Aunque no conozco precedentes de colaboración vacuna con la Justicia, la sospecha sería fundada, ya que en muchos casos estos animales han mostrado conductas ejemplares: han salvado niños de las fieras, han donado órganos e, incluso, producen leche cuando les dejan.

Pero claro, en una reunión de animales, ¿quién va a sospechar? Mu, Mu.