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Xose Carlos Caneiro
Xosé Carlos Caneiro DE BAR EN BAR

OPINIÓN

28 ene 2016 . Actualizado a las 05:00 h.

He buscado tu nombre por todos los rincones. No lo he encontrado. Quizá no quise verlo y las letras se me borraban mientras quería escribirte esta carta de horror. He aquí el mundo. En carne viva. Este que nos ata, atávico. Que nos repudia, repugnante. Que nos arranca la piel roja de cicatrices, donde las lágrimas se confunden con tu llanto. De niña. Y ojos de niña. Y dedos de niña. Solo tenías dieciocho meses y un miserable te tiró desde un balcón sin vistas al mar. Abusaba de ti a las tres y media de la madrugada, cuando los ángeles duermen, y duerme Dios, probablemente. Pensé que no era cierto. Volví a leer la noticia y se descorrieron las entrañas como las cortinas del infierno. Fue en el centro de Vitoria, calle Libertad. Qué ironía. Calle desde hoy de todos los calabozos, cárceles y cadenas: donde el absurdo pasea sus puñales. Así lo declaro a 18 meses de ti, esos que has cumplido para no cumplir los sueños. Quizá a los dieciocho meses uno no sabe ni siquiera soñar. Va dando sus primeros pasos. Uno solo quiere dejarse caer en brazos de sus padres, para que lo abracen, poco más. A los dieciocho meses no existe otra maldad que no sea una sonrisa, una cara pequeña mirando la lluvia tras el cristal, unos labios que aprenden a besar apenas. En qué se ha convertido el ser humano. Me lo pregunto en tantas ocasiones que alguna vez alguien, no sé quién ni cuándo, ha de contestarme. Lo hago mientras busco tu nombre por todos los rincones. Pero solo encuentro dolor en el diccionario de esta tarde en que escribo. Miércoles veintisiete de enero. Te has muerto ayer y se ha puesto para siempre triste el cielo. Tenías 18 meses. ¿En qué te has convertido? Ni ser. Ni humano.