Rajoy, otra vez en su quietismo

Fernando Ónega
Fernando Ónega DESDE LA CORTE

OPINIÓN

Rajoy se ha vuelto a salir con la suya más auténtica: consigue tener descolocado a todo el mundo sobre su estrategia para ser el próximo presidente del Gobierno. Frente a un Pedro Sánchez hiperactivo, hablador y con propuestas interminables, el líder del PP se mueve lo justo para dar señales de vida, habla para repetir lo mismo sobre la estabilidad y no hace propuestas nuevas, sino que mantiene la integridad de las leyes (educativa, seguridad ciudadana y reforma laboral) que los demás quieren cambiar o derogar. Los observadores están tan desorientados ante este aparente quietismo, que ayer se podía leer en algún periódico de la Red que «Rajoy tira la toalla y asume que Pedro Sánchez no le permitirá gobernar».

Es creíble la segunda parte: que Sánchez no le permitirá gobernar. Es, por lo menos, lo que el socialista repite todos los días. Empieza a ser creíble también que tenga que abandonar la presidencia si la izquierda consigue montar una mayoría alternativa. Pero no creo en absoluto que el presidente en funciones tire la toalla, porque eso significaría que ha perdido su instinto de supervivencia. La tirará si no le queda más remedio y pierde todas las votaciones; pero antes, ni de broma.

Lo que le ocurre a Rajoy es que desarrolla una estrategia distinta: él mismo anunció que dirá lo que tenga que decir en su discurso de investidura. Y debe ser algo muy contundente, muy poco discutible, porque lo fía todo a ese momento. Prefiere recibir todos los noes juntos una tarde en el Congreso que estarlos recibiendo cada día, con machacona cadencia y repercusión en los periódicos del día siguiente. Y detesta meterse en conversaciones que sabe que serán estériles y no consiguen otra cosa que fotos de sus adversarios e imagen de que provoca el rechazo general. Le parece un espectáculo impropio de su rigor. Seguramente piensa algo parecido a lo que pensaba Artur Mas: que negociar una formación de Gobierno no es una subasta de pescado en una lonja.

Como actitud, es coherente y llena de dignidad. Como acción política, no estoy tan seguro. Al no moverse de forma visible, al no mantener contactos conocidos y al no buscar adhesiones a su candidatura, produce la impresión del dicho popular: espera que «le lleven el Gobierno a casa». De momento, la impresión dominante es que a fecha de hoy tiene más posibilidad de gobernar Pedro Sánchez que Mariano Rajoy. Y atención a las confesiones políticas: se atribuye a Albert Rivera la afirmación de que la pasividad de Rajoy hace que se vea más cerca un Gobierno de izquierdas. Y como indicio de adhesiones factibles, ahí tienen ustedes al lendakari Urkullu, que confiesa que le gusta más la alianza de izquierdas que la gran coalición.