Nuestro circo político


Sigo siendo un fiel creyente en que habrá nueva convocatoria de elecciones generales, precisamente porque ahora es lo que menos nos conviene a todos. Pero, mientras esto no llega, debemos prepararnos para asistir a múltiples escenificaciones, como la todavía reciente del pacto a la portuguesa que quiere liderar Pedro Sánchez en un país que no es Portugal ni se le parece, pese a la fraternal proximidad que nos une.

Puede ser que me equivoque, pero creo que nuestro Sánchez quiere dirigir un multipartito, aunque para ello tenga que empeorar todo lo que ya en su día empeoró Zapatero sin querer. En este sentido, cabría decir que la secuencia histórica que se niega es la siguiente: A) Zapatero se estrella contra una súbita realidad adversa fraguada a pulso; B) el PP lo arregla como puede, recortando incluso (o sobre todo) donde no debe, y C) Sánchez descalifica las «reformas austericidas» de los populares y propone una especie de rezapaterización de la política, amparada por un pacto múltiple y diverso, y también disperso.

Lo cual aún podría suceder, pero no ilusionar. Porque la suma de tantas heterodoxias no puede generar una ortodoxia del crecimiento económico y el reparto social. Quizá por ello muchos tenemos verdaderas dificultades para ver en el proyecto de Sánchez algo más que una desbocada ambición personal. Pero podemos errar, porque ni Podemos ni Ciudadanos se han aclarado todavía en esto de los pactos.

Da la impresión de que hay movimientos en el circo nacional, pero el tiempo pasa y no se concreta nada. Rajoy borda el papel del líder que espera y no desespera, pero no es seguro que esta actitud pueda depararle algún premio. Pablo Iglesias parece estar muy ocupado en diseñar el futuro más futuro de todos nuestros futuros. Albert Rivera ha empezado a sosegarse y a hablar con propiedad, lo cual es de agradecer, pero lo suyo no basta en estos tiempos de egoísmos exacerbados. Solo Sánchez parece ver la luz al final del túnel, aunque todavía no sabe si es la salida o un tren que viene de frente. Porque ni Rajoy ni Iglesias encienden sus faroles, por si acaso. Y así estamos. Sin saber qué va a ser de nosotros. Y convencidos de que lo de Cataluña tampoco nos va a ayudar.

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