Refugiado/Refuxiado

César Casal González
César Casal CORAZONADAS

OPINIÓN

Algo se mueve en nuestros corazones de metal, a los que damos cuerda con la visa. A veces. La palabra del año en castellano y en galego han coincidido: refugiado/refuxiado. Tanto la Fundeu del BBVA que hace esa selección como la Real Academia Galega que, con la Fundación Barrié, eligen el término, en ese afortunado portal de las palabras, han apostado por los seres humanos que sufren una condena horrible sin cometer delito. Tienen que salir de sus casas. Deben abandonar sus vidas. Sus casas. Sus calles. Salir corriendo de la guerra. De Siria, de Irak. Imposible olvidar la foto del niño tendido en un más allá de arena. Tan cerca, tan lejos. Los ojos arañados con esas familias que malviven como pueden en los campos ante una Europa que solo tiende la mano para aliviar la conciencia. La vieja Europa más fortificada que nunca. El regreso de las alambradas que triunfa ante las buenas intenciones. Los salvajes atentados de París cortaron la corriente de simpatía. De pronto, todos los refugiados podían ser peligrosos. Está bien que la palabra del año en galego y en castellano sea refugiado. Sean esos seres maltratados, rotos por dentro y por fuera. En galego feminicidio y xihadismo llegaron a la final. Y en castellano se colaron términos típicos en las redes sociales como zasca o trolear, el reino de la frivolidad. Ese padre que besa a su hija en el colo caminando bajo una tormenta hacia la frontera griega, al tiempo que arrastra un carrito con lo que le queda de sus pertenencias. De ese carro y de esa niña solo tira el alma. Acnur ha cifrado en un millón de personas las que han intentado llegar a la olla podrida de la Unión Europea, una cifra helada que supera los desplazamientos forzosos de la Segunda Guerra Mundial. Ojalá fuesen viajes a alguna parte.