¡De la que te has librado, Cataluña!


El señor Artur Mas hizo ayer lo que en términos ignacianos se llama una «confesión general»: un repaso de los pecados cometidos en un largo período de tiempo con aborrecimiento de cada uno de ellos y propósito de no volver a cometerlos. El período elegido para esa confesión ha sido el trimestre de negociación con ese grupo político que al final lo dejó tirado como una colilla, pero aún le envía mensajes de que mientras hay vida hay esperanza y, como quedan cinco días, todavía se puede alcanzar un acuerdo de salvación.

Como discurso político, el informe oral de Mas solo tiene un valor: adelantar que el lunes firmará la convocatoria de elecciones si los agentes de la mal llamada CUP no abjuran antes también de sus errores y lo aceptan como presidente. Como confesión del hombre seducido y abandonado, toreado y casi ultrajado, tiene un valor inmenso: demuestra hasta qué punto un aspirante al poder es capaz de ceder en aspectos que afectan a la dignidad de las instituciones para conseguir su objetivo. Se supone, naturalmente, que ha dicho lo menos vejatorio y se calló lo más degradante.

Aun así, ahí queda la esencia del diálogo que la coalición Junts pel Sí mantuvo con la Candidatura d?Unitat Popular (CUP). Tomen nota porque es de antología.

1) Se trató de perfilar una actuación de gobierno con una fuerza política que propugna una «hiperrevolución de izquierdas» con la que «no llegaremos ni a la vuelta de la esquina», pero estuvo a punto de convertirse en programa de la Generalitat.

2) Se negoció formalmente con quienes querían convertir a la misma Generalitat «en una subasta» y a su presidencia en «una subasta de pescado».

3) Se dio audiencia a una formación impregnada por «el espíritu revolucionario» y que «no representa a las clases medias».

Y 4) Se llegaron a aceptar las siguientes condiciones: presidencia del Gobierno «más compartida», «moción de confianza a los diez meses», «hoja de ruta para la independencia», «proceso constituyente» y un «plan de choque social». Los conceptos entrecomillados son expresiones literales.

Conocido todo eso, ¿qué puede decir este cronista? Solo tres menudencias. La primera, ¡qué poco mérito tiene el señor Mas a la hora de corregir! De hecho, él no lo hizo. Él hubiera seguido adelante. Aún hoy seguiría adelante si la CUP tuviera un único gesto: aprobar su investidura. La segunda, ¡qué poco importa a algún dirigente la opinión pública! Lo mismo que dijo ayer Mas estaba siendo denunciado por los medios informativos y la oposición y no hizo el menor caso a las advertencias. Y la tercera, ¡qué gran noticia ha sido que no haya habido acuerdo! Si lo hubiera, ¿hacía qué modelo político se encaminaría Cataluña? Prefiero no pensarlo.

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