Enrocado rompecabezas catalán

Abel B. Veiga LÍNEA ABIERTA

OPINIÓN

06 ene 2016 . Actualizado a las 05:00 h.

C ada día que pasa el laberinto político entreteje nuevos planos. La voladura de la investidura de Mas en Cataluña aboca a nuevas elecciones. La CUP no quiere ser vista como traidora, Baños se apresura a dimitir y la resolución rupturista y soberanista del 9 de noviembre pasado, el mayor y más trágico error de la política catalana, devuelve el juego político al punto de comienzo. Juegos de suma cero, pero donde todos pierden, salvo quizás, la izquierda catalana, y no precisamente los socialistas. La gran incógnita es qué hará ahora Esquerra y con quién se aliará. Máxime sabiendo Oriol Junqueras, político supuestamente más inteligente que Mas, que Junts pel Sí no le permitió ser candidato a presidente. 

Pero la encrucijada catalana tiene su traslado a Madrid. Por mucho que un Artur Mas náufrago incluso de sí mismo clame sus soflamas contra Madrid en una impenitente palinodia de mediocridad y absurdo descargo. Para Mariano Rajoy, la repetición de elecciones y el freno de la deriva secesionista en Cataluña aplaca los argumentos para un Gobierno de coalición bajo la exigencia de la unidad nacional. Pero también pueden ser un frenazo para la ambición de Susana Díaz de celebrar de inmediato un congreso. Con elecciones a dos meses no solo es impensable: sería suicida. 

El enrocado rompecabezas traspasa líneas rojas mentales y políticas. Los partidos están abocados de nuevo a la competencia, no a la colaboración o cooperación. Con un escenario electoral a la vuelta de la esquina y otro que presumiblemente le seguirá, el laberinto político español permanece sin solución. 

No sabemos si Mas se apartará o lo apartarán. En el país donde nadie asume responsabilidades, y menos autocrítica, los perdedores simulan ser victoriosos e imprescindibles. Nadie es imprescindible, ni en política ni en cualquier dimensión de la vida. Artur Mas ha llevado a CiU al abismo y se ha empecinado en llevar a Cataluña a un desastre de fractura impensable. Se ha erigido y autoproclamado mesiánicamente en salvapatrias sin importarle caer en el esperpento. 

Si el 6 de marzo se confirma la celebración de elecciones en Cataluña, las incógnitas son Podemos y Ada Colau: qué resultado obtendrían en función de si la coalición sigue adelante, qué pasaría si hay una gran coalición de izquierdas nacionalistas o a favor del referendo, cuál será la caída de Convergencia, hoy rellamada Democracia y Libertad, si habrá o no coalición entre estos y Esquerra, y qué resultado obtendría Ciudadanos, el partido más destacado durante estos meses en el Parlamento catalán. A partir de aquí y del nuevo escenario, todo es posible en Madrid. También nuevas elecciones. 

La ruptura de todo puente soberanista en Cataluña condiciona de primera mano la formación de Gobierno en el Estado. Pese a que baje la presión, la incertidumbre sigue. Pero también se cierran puertas.